Saturno empuña con crueldad la cintura de otro de sus hijos, mientras lo devora con ojos de locura. Así, el dios del tiempo comete otro de sus múltiples infanticidios para evitar la profecía de un oráculo. Un día, uno de tus hijos te destronará.

El cuadro es de Francisco de Goya y refleja el mito de Cronos, mito que el Imperio Romano heredó de la Antigua Grecia, modificando el nombre (Saturno), pero no los crueles asesinatos.

Goya lo pintó en serie pinturas negras, aunque Rubens, dos siglos antes ya había plasmado en un lienzo más luminoso, pero igual de cruel, el mismo acto caníbal.

Cuando las civilizaciones asumen, siglo tras siglo, el mito de un dios que asesina así, habría que preguntarse si esa leyenda no es más que la excusa perfecta para que las personas justifiquen sus propios crímenes, en nombre de ese mismo dios.

“El hombre ha creado los dioses a su propia semejanza”, confirma el antropólogo J. G. Frazer en su libro ‘La rama dorada’.

Todas las culturas cuentan con dioses homicidas, como si ese acto de crueldad divina justificara luego los pecados terrenales. Y no es un atributo occidental u oriental, ni del norte ni del sur, sino humano.