Marie Kondo ha sido la comidilla de las últimas semanas al hacerse mundialmente famoso el método en el que recomienda ordenar nuestra vida para hacernos más felices. Libros, ropa… Optimizar el espacio, supuestamente, mejorará nuestro bienestar y nuestro hogar. Pero ¿funciona así de bien para todos?

La ciencia también ha investigado cómo el orden puede mejorar o no nuestra vida. De acuerdo a un estudio de la Universidad de Navarra, realizado con 80 trabajadores, estos realizaron peor una tarea simple (meter datos en un ordenador) en un entorno laboral desordenado que en uno ordenado. Así, el equipo concluyó que “un entorno desordenado podría ser perjudicial para la precisión de las personas meticulosas”. Sin embargo, el estudio recordó que solo participaron 80 personas y que no se controlaron variables como el consumo de cafeína o los niveles de cansancio.

Pero para tener nuestra casa o nuestro entorno de trabajo ordenados antes debemos hacer algo: limpiar. Pasar la bayeta, tirar lo que no nos sirve o lavar el suelo también tienen sus beneficios: si completamos estas tareas con éxito sentimos que somos capaces de aprender y tener éxito.

Ahora bien, no todo son alegrías. Si intentamos terminar una tarea y fallamos o nos resulta difícil terminarla por lo que sea, esto repercutiría en nuestra mente. Nos podríamos sentir peor para futuras tareas y que nos cueste más hacerlas. Además, según un estudio de la Universidad de Nueva Gales del Sur, en Australia, tener un especial cariño por objetos inanimados nos impediría deshacernos de ellos, lo que dificulta que llevemos a cabo la limpieza.

El profesor de Psicología Chris Stiff, de la Universidad de Keele (Reino Unido), recomienda seguir el método Kondo, “pero con algunas advertencias”. Entre ellas, establecer objetivos “viables” de limpieza. También, tener en cuenta “el tiempo y los recursos” que tenemos para realizar esas tareas. Ajustando el método a tu ritmo de vida seguro que sientes ese bienestar que ensalza la japonesa.