En la final del Mundial de Alemania 2006, Andrea Pirlo tiró el primer penalty de la tanda contra Francia. Este jugador también fue uno de los que usó el neurofeedback, una técnica usada en neurociencia que podría aumentar la precisión de un deportista en momentos de máxima tensión.

La técnica emplea unos sensores que se ponen en la cabeza y muestan al jugador sus ondas cerebrales. Así pueden ver en tiempo real cómo estas cambian cuando se ponen nerviosos, por ejemplo, al ver un vídeo en el que fallan un penalty.

En teoría, esta tecnología puede ayudarles a dominar sus ondas cerebrales y alcanzar un nivel de concentración superior que puede darles la victoria. Aquel día Pirlo marcó un golazo y dio el primer paso hacia la victoria en la final.

Otros deportistas que han usado el neurofeedback dicen que, personalmente, la técnica les ha ayudado a ganar. Pero aún así la utilidad real de esta tecnología está en entredicho.

Por ahora, no hay pruebas concluyentes de que usar el neurofeedback mejore a un deportista en competición. Esto no ha impedido que las empresas que realizan este tipo de servicios hayan florecido en todo el mundo y éste sea ya un neogocio que mueve millones de euros.