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EXPERIMENTO CON COLEGIADOS AUSTRIACOS

La 'ciencia' de las expulsiones: no todos los insultos enfadan igual a los árbitros

Más de un jugador de fútbol se ha ganado su expulsión por culpa de un calentón que termina en soltar improperios contra el árbitro.

Una expulsión, en una imagen de archivo

EFE Una expulsión, en una imagen de archivo

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Acordarse de la madre de un árbitro o soltarle cualquier otro insulto dentro o fuera del terreno de juego no suele tener buenas consecuencias para el infractor. Y eso que hay formas de insultar con estilo, pero con el corazón a mil por hora no se estila hacerlo bonito.

El apartado doce de las 'reglas del juego' de la FIFA, dedicado a las “faltas e incorrecciones”, incluye una referencia muy genérica a los insultos. Es motivo de expulsión “emplear lenguaje ofensivo, grosero u obsceno y/o gestos de la misma naturaleza”.

Una alusión tan poco clara da pie a múltiples interpretaciones subjetivas, dependiendo del país, el árbitro o incluso el tipo de partido. Un experimento realizado en Austria en 2011 demostró que los árbitros no sancionan de la misma manera todos los insultos, sobre todo cuando ellos son el blanco de la ira de los jugadores. Y una de las conclusiones es que las referencias a los genitales o a la orientación sexual fastidian más que las que atacan a la inteligencia.

Los autores de la investigación utilizaron a trece personas para elegir una lista de cien insultos en alemán. Estos asignaban una nota de 1 (poco insultante) a 7 (muy insultante) a cada uno, para luego clasificarlo en varias categorías. Entre ellos destacan los que atacan a la capacidad de juicio del árbitro, a su inteligencia, a su apariencia física, a sus preferencias sexuales o a sus 'partes nobles'.

De este centenar de palabras ofensivas se seleccionaron 28, aunque es una pena que el estudio publicado en el 'Diario de ciencias del deporte' sea algo pudoroso y no especifique cuáles son.

En la segunda parte de la investigación mostraron a 113 árbitros austriacos (el 82% hombres y el 18% mujeres) los 28 insultos elegidos, aunque no directamente. Para ello utilizaron una situación imaginaria en el terreno para introducir el improperio. Una situación de un partido de fútbol después de su primera media hora de juego, sin ninguna amonestación y con poca brusquedad, en la que se produce una acción polémica.

La acción elegida es una mano dudosa de un defensor, que juega en casa y que pita el colegiado. El capitán de éste equipo protesta, el árbitro le da explicaciones y éste le responde con una de las descalificaciones. La más 'light' sería sobre su juicio (del tipo “¿estás ciego o qué?”), para pasar a su inteligencia (“bobo”, “tonto”) y llegar a su sexualidad (insultos homófobos incluídos) o sus genitales.

Aunque la teoría de la FIFA justificaría la roja directa en los 28 insultos, en la práctica solamente en el 55,7% utilizaría este recurso, mientras que uno de cada cuatro recurriría a una cartulina amarilla. En el 12,1% de los casos bastaría un apercibimiento verbal y el 7% dejaría pasar el insulto.

Un dato muy curioso es que solamente 11 de los 113 encuestados echaría del campo al jugador de manera sistemática. Según los autores del estudio esto se produce porque “son más sensibles al espíritu de la ley que a la propia ley”, aunque nosotros podríamos añadir que el hecho de que el caso expuesto se produzca a la media hora de juego y con el capitán del equipo de casa como protagonista ayuda a este bajo porcentaje.

Unos insultos fastidian más que otros, algo que queda claro en el estudio austriaco. Los árbitros son mucho más severos con los referidos a la orientación sexual, con un 73,7% de tarjetas rojas, y a los atributos sexuales (80,7%). Lo son menos cuando atacan su inteligencia (58,8% de expulsiones) y mucho más laxos cuando cuestionan su raciocinio (39,9%) o su aspecto físico (33,8%).

Aunque la ciencia del insulto y las expulsiones futbolísticas es bastante inexacta, seguramente que más de un futbolista lenguaraz se podría ojear este curioso experimento para la recta final del campeonato. Que no es de recibo dejar a tu equipo con diez miembros por referirse, en tono despectivo, al 'miembro' del juez del partido.

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