Si eres de los que suelen derramarse el café encima de camino a la mesa, tenemos una buena noticia: si la próxima vez lo pides con leche y mucha espuma, será más difícil que el líquido acabe en tu camiseta. Otra opción es pasarte a la cerveza.

Un estudio de investigadores franceses y estadounidenses ha demostrado que las burbujas reducen el movimiento de los fluidos contra las paredes de un recipiente. Las aplicaciones del trabajo, publicado en la revista ’Physic of Fluids’, van más allá de facilitar la vida a los torpes; tiene aplicaciones en el transporte de líquidos en camiones cisterna.

El movimiento que sufre en fluido al ser trasladado dentro de un recipiente produce la aparición de ondas en su superficie, que chocan con las paredes y terminan por provocar un derrame. Cuando existen capas de espuma, las burbujas de los bordes absorben la energía y reducen así la oscilación.

A los investigadores se les ocurrió estudiar el fenómeno mientras tomaban cerveza en un bar de Francia. Era más fácil llevar hasta la mesa las pintas de Guiness que los vasos de cualquier otra clase menos espumosa.