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UN ESTUDIO PUBLICADO EN LA REVISTA PLOS ONE REABRE EL DEBATE

Alertan de un compuesto cancerígeno en los refrescos de cola: ¿Hay que preocuparse?

No hay día que no pase por nuestras manos un mensaje de Whatsapp, un tweet o un email alertándonos del peligro de envenenamiento que corremos al consumir este producto de aquí o aquel de más allá.

Refresco de cola con limón

Agencias Refresco de cola con limón

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Pepo Jiménez | @kurioso | Madrid
| 27.02.2015 00:09

Generalmente detrás de la denuncia hay un artículo muy comercial de una marca muy famosa y consumida por todo el planeta. Y eso lo hace más viral. La mayoría de los receptores se ven cómplices del envenenamiento masivo y reenvían el mensaje sin ni siquiera leerlo o documentarse pensando que es su deber. Es así de cutre y así real. ¿Qué hay de cierto en estas alarmas alimentarias?¿Cómo debemos reaccionar o protegernos?

Tomemos el último ejemplo que me ha llegado para analizar el verdadero peligro y la desinformación. Se trata de un aviso sobre el riesgo de los refrescos de cola y bebidas que utilizan colorante alimentario para simular el tono oscuro y hacerlo más agradable. Según el mensaje el aumento de cáncer está directamente relacionado con el consumo excesivo de refresco de cola con 4-metilimidazol (4-MEI o E150), una residuo colorante que puede encontrarse en alimentos de forma natural (y al cocerse) o sintetizarse de forma artificial. Algo parecido a lo que ocurre cuando calentamos con un mechero una cucharilla con azúcar y esta se ennegrece.

En un primera búsqueda aparecen varios estudios que relacionan este compuesto y el cáncer en ratas. Otros más recientes, como el publicado en la revista Plos One, concluyen que: “Los consumidores de refrescos de cola están expuestos a un riesgo de cáncer evitable e innecesario debido a un ingrediente que se agrega sólo con fines estéticos"

En otra búsqueda más amplia observamos que el colorante está presente en casi todos los refrescos de cola, en los caramelos y en otros alimentos como las tostadas, el café, aperitivos y casi cualquier alimento que pongas a la parrilla o al horno. El análisis simple y maniqueísta nos lleva a la primera conclusión desafortunada. Los refrescos tienen el compuesto y éste puede provocar cáncer...  ¡Alerta mundial!

Para ser más responsables habría que seguir analizando y buscando información complementaria que nos saque de dudas.

La alerta surgió hace unos años en el estado de California. Allí la ley sobre etiquetado de productos alimenticios es, probablemente, la más restrictiva y severa del planeta. Se llama proposición 65 del Estado de California y dice:

“Ninguna persona en el transcurso de sus negocios expondrá a sabiendas a ningún individuo al contacto con productos químicos que tengan relación directa con el cáncer o contengan productos tóxicos que afecten a la reproductividad sin antes comunicarle claramente y de forma razonable de dichos peligros”.

En total hay unas 500 sustancias catalogadas como cancerígenas que te obligan a etiquetar los productos que las contengan; entre ellas el alcohol de las bebidas comerciales o el humo de la marihuana. Se trata de una medida entre disuasoria y tremendista que no tiene mucho en cuenta la cantidad y que solo pretende lavarse las manos ante los consumidores de aquel estado norteamericano.

Si la incumples te arriesgas a multas o pleitos multimillonarios. Y eso precisamente es lo que las grandes marcas de cola quisieron evitar. Cambiaron su formulación para evitar una etiqueta obligatoria de ‘cáncer’.

Según la OMS, y La Agencia Europea de Seguridad Alimentaria las cantidades de colorante presente en las latas no tiene efecto alguno sobre el organismo y mucho menos no son significativas para hacer una relación directa con el cáncer. Por decirlo de otro modo, tendrías que empezar a preocuparte a partir de los 300 litros diarios de cola. En ese caso el cáncer sería el menor de tus problemas.

Si bien es cierto que el límite a partir del del cual el 4-MEI es realmente peligroso no está claro o no hay consenso entre los diferentes estudios se puede afirmar que el margen de seguridad de un consumo normal es bastante grande. El mismo que hay que tener a la hora de reenviar estos mensajes.

Lo que mata es la cantidad, no el veneno.

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