Obtenerla no fue sencillo. Les llevó varios años encontrar un procedimiento para eliminar toda la lignina de las paredes celulares de la madera de balsa, un componente que absorbe la luz, y que por lo tanto es responsable de su opacidad.

Conseguido el primer objetivo, impregnaron aquel sustrato poroso con un polímero transparente. Y a continuación añadieron acrílico para evitar que el material se humedeciera. Resultado: una madera transparente como el cristal, pero mucho menos frágil, capaz de resistir mucho más peso que el vidrio gracias a sus extraordinarias propiedades mecánicas.

No contento con eso, Berglund se dio cuenta de que a su nueva madera diáfana le faltaba un detalle clave para llamar definitivamente la atención de los constructores. Así que probó a añadir un polímero llamado polietileno glicol (PEG) para que, además de dejar pasar la luz, su material permitiera el intercambio de calor.

El experimento resultó todo un éxito. Con el PEG en sus entrañas, la madera transparente de Bergund es capaz de absorber el exceso de calor en un día soleado, evitando que el interior de un edificio con acristalamientos de madera transparente se caldee como lo haría un invernadero.

Sin embargo, cuando el sol se pone y la temperatura baja, el PEG se solidifica, libera parte del calor atrapado al interior de la vivienda y ayuda a mantener una temperatura constante a lo largo de todo el día. Con lo que eso implica en ahorro de energía procedente de calefactores y aires acondicionados.

A estas indiscutibles ventajas se le suma que el nuevo material es bastante más respetuoso con le medio ambiente que los plásticos, el cristal o el cemento. Con una única pega: que "el acrílico que contiene no es biodegradable, por lo que tendremos que reemplazarlo por un material que si lo sea", según ha reconocido el propio Berglund.

El investigador sueco, que presenta hoy las mejoras de la madera transparente en la reunión primaveral de la Sociedad Americana de Química (ACS por sus siglas en inglés), está centrado ahora en trasladar la producción del invento a la escala industrial. Según sus cálculos, podría estar disponible para utilizarse en el diseño de edificios en un plazo máximo de cinco años.

Y está convencido de que el papel de la madera, ahora asociada con lo retro y lo vintage, dará un giro radical cuando su versión transparente llegue al mercado.