El premio Nobel de Física de 2013 no dio ninguna sorpresa. François Englert, de la Universidad Libre de Bruselas, y Peter Higgs, de la Universidad de Edimburgo, han recibido el galardón de la Real Academia Sueca de las Ciencias. Ambos plantearon de forma independiente en 1964 una teoría que explicaba cómo obtenían su masa las partículas subatómicas. Una especie de campo de fuerza, o una pegajosa melaza cósmica, hace que esos bloques fundamentales que componen la materia se muevan con mayor o menor dificultad dependiendo de su masa. Se comportaban, de algún modo, como distintos objetos en el agua, que avanzan sin apenas resistencia cuando son hidrodinámicos o progresan con dificultad si no gozan de esa característica. Sin el bosón de Higgs, las partículas no tendrían masa y el universo tendría muy poco que ver con el que conocemos. Sin el impedimento de la masa, todas las partículas viajarían a la velocidad de la luz y, con tantas prisas, no encontrarían el tiempo para asociarse y formar estrellas, seres humanos o playas que fotografiar con Instagram.

Por ese descubrimiento fundamental del conocimiento de nuestro universo, que recibió la confirmación experimental cuando la partícula apareció en los detectores de acelerador LHC, en el CERN, han recibido Englert y Higgs su Nobel. Robert Brout, que colaboró con Englert en el descubrimiento, murió en 2011 y no ha podido compartir el premio. Otros investigadores como Carl Hagen, Gerald Guralnik o Tom Kibble, que también realizaron grandes contribuciones al conocimiento teórico del campo de fuerza que otorga la masa, nunca recibirán el reconocimiento del Nobel. El año pasado, Guralnik afirmaba que todos estos físicos “merecerían una parte de ese premio, pero que, por supuesto, eso requeriría revertir la tradición de premiar a un máximo de tres personas cada año”. Menos optimista era un sexto hombre, Philip Anderson, de la Universidad de Princeton, que también había realizado aportaciones en este terreno y reconocía que su tarea no era del todo reconocida. “Si alguien recibe el Nobel por este descubrimiento no seré yo y probablemente tampoco el pobre Peter Higgs”, añadía el pasado año a Materia.

Es posible que con este premio el comité de los Nobel dé por clausurado el reconocimiento a los hallazgos relacionados con el Modelo Estándar de Física de Partículas, la mejor explicación que tenemos sobre el funcionamiento de la materia en su nivel más básico. En el CERN, el encargado de comprobar en la realidad que la partícula predicha existe, han participado demasiados investigadores y el Nobel no ha querido cambiar su tradición.

En una llamada telefónica con la sala de prensa en la que se anunció el galardón, Englert pedía continuamente que le repitiesen las preguntas. “No sé si es el teléfono o es mi oído”, añadía, recordándonos el medio siglo que ha pasado desde que realizó su gran aportación al conocimiento del mundo. Peter Higgs, el más célebre de los premiados, ni siquiera pudo ser contactado. No ha levantado ninguno de los teléfonos a los que le llamaron para anunciarle que había recibido el premio más deseado por los científicos. Guralnik, después de una diplomática valoración de la labor de sus colegas, reconocía a Materia que no había perdido la esperanza de ser reconocido con el Nobel. “Todos los físicos somos humanos y  la decisión del comité apesta un poco; sentimos que hicimos una contribución enorme”, afirmaba poco después de conocer el anuncio.

Polémicas aparte, pocos dudan de que el avance científico premiado hoy es uno de los más importantes de los últimos tiempos. Cuando el CERN anunció que sus detectores habían capturado el bosón de Higgs, Frank Wilczek, premio Nobel de Física en 2004, aseguró a Materia que se trataba “del descubrimiento del siglo en física”. Rolf Heuer, director del CERN, aseveró que el hallazgo era más importante que la llegada del hombre a la Luna. “Es fundamental para nuestra existencia y por eso creo que es un gran momento para la ciencia”, señalaba. “La llegada a la Luna fue un gran logro, pero fue un logro tecnológico, no un descubrimiento de las fuerzas de la naturaleza”, concluía. La física, no descansa, y después de resolver el misterio del Higgs ya se adentra en territorio desconocido.