A LAS 72 HORAS, PELIGROSO
Cuántas horas puede aguantar el cuerpo humano sin dormir
Dormir suele verse como algo negociable: hoy duermo poco, mañana ya recuperaré. El problema es que el cuerpo no entiende de atajos.

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Dormir suele verse como algo negociable: hoy duermo poco, mañana ya recuperaré. El problema es que el cuerpo no entiende de atajos. El sueño no es solo descanso, es mantenimiento. Y cuando falta, todo empieza a desajustarse antes de lo que parece, aunque al principio creas que "vas tirando".
No existe una cifra exacta que marque cuánto tiempo puede pasar una persona sin dormir, pero sí hay referencias claras. Tras 24 horas despierto, la concentración cae en picado y el cerebro funciona de forma similar a cuando hay alcohol en sangre. A las 48 horas, aparecen los microsueños: pequeños apagones de segundos que ocurren sin que te des cuenta. Y ahí empieza el verdadero riesgo.
Si la vigilia se alarga más allá de las 72 horas, los efectos se vuelven más serios. Desorientación, cambios bruscos de humor, problemas de memoria y, en algunos casos, alucinaciones. El cerebro empieza a mezclar sueño y realidad porque ya no puede sostener el estado de alerta constante.
El caso más famoso es el de un estudiante que en los años 60 aguantó 11 días sin dormir, bajo supervisión médica. Terminó con graves alteraciones cognitivas, aunque se recuperó tras dormir con normalidad.
Además, el impacto del insomnio prolongado no se limita al cerebro. El sistema inmunitario se debilita, aumentan los procesos inflamatorios y se alteran hormonas clave que regulan el apetito, el estrés y el estado de ánimo. Por eso, tras varias noches durmiendo mal, no solo cuesta pensar con claridad: también es más fácil enfermar, sentirse irritable o tomar peores decisiones sin ser del todo consciente de ello.
La paradoja es que cuanto más cansado está el cuerpo, más difícil resulta dormir bien. El estrés acumulado, la ansiedad y la hiperactivación del cerebro crean un círculo vicioso que normaliza el agotamiento como si fuera parte del ritmo de vida. Pero no lo es. Dormir no es perder tiempo ni un lujo prescindible: es una necesidad biológica básica. Ignorarla no suele tener consecuencias inmediatas espectaculares, pero sí un desgaste silencioso que acaba pasando factura cuando menos se espera.
¿Puede alguien morir solo por no dormir? No es habitual, pero la privación extrema rompe el equilibrio del cuerpo. El sueño no es opcional: tarde o temprano, el cuerpo pasa factura.
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