Este fin de semana, la entrada del horario de verano va a ser algo distinta a otros años. El riesgo de contagio del COVID-19 nos obliga a quedarnos en casa, y es el lugar donde la mayoría de nosotros pasará todo el día posterior al cambio de hora, pero también los siguientes. Este hecho puede tener una repercusión directa sobre nuestra salud, y afectará muy especialmente a las personas mayores y a los niños.

El estrés y la dificultad para conciliar el sueño típicas de un cambio de hora pueden verse agravados por la imposibilidad de salir a la calle y de regresar a nuestra rutina. Es la advertencia que lanza estos días Atenzia, empresa especializada en el ámbito social y de la salud.

Las personas mayores y los niños serán los más perjudicados por esta modificación, aparentemente insignificante. Esa hora de diferencia puede repercutir directamente sobre el sistema nervioso: no sólo nos sentiremos más fatigados, sino que tendremos mayores problemas de concentración y podremos notarnos de peor humor.

Es posible que la cuarentena engrose también un efecto secundario típico del cambio de hora: la alteración del sueño. Según este estudio publicado por Science Direct, el tiempo real de descanso puede verse reducido en casi una hora, y la calidad del sueño puede empeorar hasta un 10%.

Para evitar que los efectos del cambio de hora nos afecten aún más por la cuarentena, debemos hacer caso de las recomendaciones de los expertos: reducir durante unos días el consumo de cafeína, practicar un rato de ejercicio cada día, cenar ligero y no llevarte el móvil a la cama. Además, es muy recomendable marcarse una serie de rutinas, aunque no puedan desarrollarse fuera del entorno doméstico, para que el cuerpo vuelva a encontrar su horario.