Tocar una barandilla, un frigorífico o rozar a alguien son gestos puramente cotidianos. Pero a veces, acciones de nuestra vida diaria pueden darnos calambres. Esta reacción se produce por la electricidad estática, cuando en un cuerpo o en un objeto existen cargas eléctricas distintas al otro con el que entra en contacto.

El cuerpo humano tiene, normalmente, una carga eléctrica neutra. Esto quiere decir que el número de protones, carga positiva, y de electrones, carga negativa, es igual, por lo que se anula. Pero nuestro cuerpo está sujeto a cambios y no siempre tenemos la misma energía. El organismo puede cargarse positiva o negativamente si varía su número de electrones.

Los llamados calambres pueden aparecer cuando se producen estas variaciones eléctricas. Si hay contacto entre dos cuerpos y al menos uno de los dos no tiene carga negativa o positiva, las corrientes de ese cuerpo migrarán para reestablecer el equilibrio neutro. En el momento en el que este efecto se produce, las personas podemos sentir e incluso ver las chispas de las descargas.

El calambre que sentimos provoca que los nervios de nuestro cuerpo se estimulen cuando la corriente que neutraliza fluye en él. Aunque estos choques estáticos puedan parecer peligrosos, no hay de qué preocuparse. Gracias al alto porcentaje de agua que existe en el cuerpo humano y que se mueve, estas acumulaciones de carga no son perjudiciales para la salud.

Otros efectos que puede causar la electricidad estática en nuestro cuerpo, además de los calambres, son percibidos en nuestro pelo. Este puede llegar a encresparse o a tener vida propia al entrar en contacto con jerséys o chaquetas de lana o tejidos no naturales. Así que, si eres de los que sufren estos choques eléctricos en tu día a día, apunta los consejos que te mostramos en este vídeo.

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