En 1976, la descacharrante película francesa de Louis de Funés 'Muslo o pechuga' ya criticaba la comida procesada y barata que dispensan algunas cadenas de restaurantes y supermercados. La malvada multinacional agroalimentaria Tricatel sólo era una parodia, pero ponía de manifiesto que, dada la abundancia de comida de que disponemos, ahora nos podemos dar el lujo de criticar sus bondades.

Sin embargo, eso no era así hasta hace poco. En la mayor parte de la historia de la humanidad ha planeado el hambre de forma generalizada, persistente y dolorosa, llegando en más de una ocasión a diezmar a poblaciones enteras. Porque la comida, escasa como era, dependía de muy pocos factores: básicamente el clima.

Por eso las manchas solares fueron tan importantes para el hambre. Como resumiría Voltaire, las rebeliones del siglo XVII se debieron a una combinación de una mala gestión por parte de los gobiernos, a la religión... y al pésimo clima.

Pequeña Edad de Hielo

La Pequeña Edad de Hielo fue un período frío que abarcó desde comienzos del siglo XIV hasta mediados del XIX. Algunos investigadores consideran que este enfriamiento de la Tierra tuvo relación con las pocas manchas solares que hubo en esa época.

Entre 1645 y 1715 la situación tocó su máximo: durante esos años apenas se observaron unas 50 manchas en lugar de las entre 40.000 y 50.000 típicas. A ese evento se le conoce como 'mínimo de Maunder' por el nombre del astrónomo que descubrió la escasez de manchas solares estudiando los archivos históricos de la época.

Pero ¿por qué las manchas solares podrían enfriar la Tierra? Básicamente, porque la ausencia de manchas evidencia una menor actividad solar. Con mayor número de manchas solares, y más actividad de nuestra estrella, la llegada de más rayos ultravioletas del Sol provoca que la capa de la atmósfera superior sea más gruesa, lo que contribuye a un clima más cálido en la Tierra.

Impacto agrario

Y eso afecta, entre otras muchas cosas, a la agricultura, que dependía enteramente del clima. Cuando la Tierra se enfrió debido al mínimo de Maunder las cosechas fueron más pobres y los alimentos disponibles escasearon, incrementándose su valor en el mercado. La consecuencia última fue la llegada de las primeras hambrunas generalizadas.

Ante la imposibilidad de alimentar el ganado, muchos campesinos lo sacrificaron. Las guerras agravaron la situación, impidiendo transferir los excedentes de alimentos a zonas receptoras, como es el caso de la guerra de los Treinta Años, que limitó las exportaciones de trigo hanseático.

Frente a este panorama, el fervor religioso se exacerbó y también se buscaron chivos expiatorios, desencadenándose así diversos conflictos contra minorías religiosas. En Escocia, por ejemplo, los años más graves de hambruna (1649 y 1650) coinciden con el aumento de la ejecución de brujas. E Y fue una tendencia generalizada en todas las sociedades.

En 1635, las revueltas populares sacuden China y la dinastía de los Ming. En 1636 estalló la revuelta campesina del sur de Austria. En 1637 lo harían la revolución escocesa, la de los cosacos y el alzamiento de Évora (en el sur de Portugal contra la presión fiscal de Madrid). Hubo muchas más revueltas y conflictos, y todos ellos parecen depender indirectamente de algo tan trivial como la escasez de manchas solares.

Además del mínimo de Maunder, se ha constatado la existencia de otros mínimos, como el Mínimo de Spörer (1450 -1540) y el Mínimo de Dalton (1790 -1820). En total se han registrado 18 períodos de mínimos de las manchas solares en los últimos 8.000 años. Y si ha pasado antes, puede que vuelva a suceder.

Algunos investigadores pronostican que el Sol se prepara ya para un nuevo letargo en el que el planeta se enfriará al igual que lo hizo entre 1645 y 1715. Este nuevo mínimo, sin embargo, tendrá lugar cuando nuestro planeta tiene una atmósfera sobrecargada de CO2, lo que puede que nos libre en parte de una nueva Edad de Hielo.

Nuestra compra a la multinacional Tricatel, pues, está prácticamente asegurada. De momento.