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ESPÍAS ASTRONÓMICOS

Este proyecto astronómico quiere dibujar un mapa con todas las lluvias de estrellas

La red Cameras for Allsky Meteor Surveillance está integrada por decenas de espías astronómicos diseminados por todo el mundo. El objetivo de esta iniciativa del Instituto SETI y la NASA es grabar el cielo nocturno para estudiar las lluvias de estrellas y los cometas y asteroides de los que proceden.

Recreación virtual de las lluvias de estrellas que surcan el Sistema Solar

CAMS/SETI/NASA Recreación virtual de las lluvias de estrellas que surcan el Sistema Solar

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Las Alfa Monocerótidas son un bicho raro entre las lluvias de estrellas. Aunque se sabe que estos meteoros surcan el cielo nocturno a finales del mes de noviembre, su intensidad varía enormemente y resulta muy difícil de predecir: mientras que algunos años sólo unas pocas se asoman a la atmósfera terrestre, otros la lluvia se convierte en una verdadera tormenta luminosa.

El último de estos chaparrones se produjo en 1995. Un equipo de expertos de la Asociación Holandesa de Meteoros se trasladó entonces al sur de España para admirar el increíble fenómeno que duró menos de una hora. Entre ellos se encontraba el astrónomo Peter Jenniskens, que había logrado vaticinar la explosión por primera vez.

Desde hace unos años, este investigador del Instituto SETI de California y la NASA está inmerso en un proyecto más ambicioso. Jenniskens es el fundador y máximo responsable de la iniciativa Cameras for Allsky Meteor Surveillance (CAMS), una red de cámaras que graban el cielo nocturno desde diferentes puntos del planeta para recoger datos y elaborar un mapa celeste global donde aparezcan todas las lluvias de estrellas.

Aunque cada estación sólo toma imágenes durante las horas nocturnas que le corresponden según su situación en la Tierra, los astrónomos pueden analizar y combinar los datos obtenidos por todos los dispositivos. Así es como han elaborado una hermosa recreación virtual interactiva que muestran en su página web.

Jennister comenzó a trabajar en el proyecto en el 2010, cuando instaló las primeras cámaras de la red en California. Ya entonces contaba con la imprescindible ayuda del astrónomo Peter Gural, otro de los miembros del grupo, que ha desarrollado los algoritmos que permiten detectar los meteoros en los vídeos.

Station 233 first light

Imágenes tomadas por una de las cámaras de la CAMS durante las Perseidas del pasado mes de agosto (Fuente: CAMS).

Aquella primera parte del proyecto consistió en la instalación de tres estaciones, con veinte cámaras en cada una de ellas. A pesar de que las imágenes que conseguían les permitían estudiar algunas lluvias de meteoros, el tiempo de grabación estaba limitado porque no siempre es de noche en California -lógicamente- y porque el cielo podía estar nublado o haber demasiada luz. La única solución era ampliar la red a otras zonas del mundo.

Después de aquellos primeros pasos, el número de cámaras colocadas en California ha aumentado (hay 80), y se han instalado nuevos equipos en Arizona, Florida y otros estados de la costa atlántica estadounidense. En la misma web de la iniciativa informan sobre cómo montar una estación CAMS y ofrecen el ‘software’ necesario para conectarla e instrucciones sobre su uso.

Algún tiempo después, la red se extendió a otros continentes. Actualmente cuenta con equipos de espías astronómicos en los Países Bajos, Bélgica y Luxemburgo, Nueva Zelanda y los Emiratos Árabes, el último estado en incorporarse. Como no anochece a la vez en estos territorios (hay doce franjas horarias entre los Emiratos Árabes y California), ahora las cámaras pueden grabar el cielo nocturno durante todo el invierno en el hemisferio norte.

Además de lluvias de estrellas, estos ojos acristalados captan otro tipo de fenómenos celestes, como bolas de fuego o meteoritos que penetran en la atmósfera y se desintegran, precipitándose en pedazos sobre la superficie terrestre. Los datos e imágenes captados por las estaciones permiten determinar el origen y trayectoria de los meteoros y sus fragmentos.

Pero detectar estos luminosos proyectiles no sólo resulta útil para estudiar lo que ocurre en las inmediaciones de nuestro planeta. La información también aporta pistas sobre la ruta de los cometas o asteroides de los que proceden y, por tanto, sobre el origen del Sistema Solar.

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