El reciente viaje suicida del cometa ISON en torno al Sol ha sido presenciado casi en directo desde la Tierra. El cruel desenlace del cometa ha sido posible gracias a la misión SOHO, una sonda de observación de nuestra estrella construida por la NASA y la Agencia Espacial Europea.

Una cámara de esta nave grabó cómo ISON se acercaba al astro y también como parte del núcleo sobrevivía. A pesar de esto, aún no está claro si ha sobrevivido suficiente material como para que ISON pueda seguir existiendo.

Los observatorios solares permiten monitorizar la actividad solar. Nuestra estrella es esencial para que pueda haber vida en la Tierra pero también es el epicentro de tormentas solares, erupciones y otros fenómenos, que pueden tener serias consecuencias en Tierra, y que se están produciendo con bastante frecuencia en estos últimos años.

Si las tormentas solares son lo suficientemente grandes, pueden interrumpir las comunicaciones por satélite o inhabilitar el tendido eléctrico en un territorio equivalente a tres veces España. En otras ocasiones, las erupciones solares pueden generar nuevos anillos de radiación en torno a nuestro planeta, tal y como sucedió en agosto de 2012.