Hace algunos años, más de 40, muchos imaginaban cómo sería el futuro a través de series de televisión en las que los protagonistas se comunicaban con una especie de pantalla de tubo, muy pequeñas, donde podían ver a la otra persona con la que hablaban. Un embrión de las actuales videoconferencias y que muchos vinculaban entonces con un futuro en el que viviríamos en otros planetas o mientras recorríamos la ciudad dentro de nuestros coches voladores.

Casi sin darnos cuenta, esas videoconferencias se han ido haciendo realidad a lo largo de la última década, aunque tampoco es que las hayamos hecho demasiado caso. Hemos seguido hablando por teléfono obviando esa maravillosa posibilidad de ver al otro en tiempo real. ¿Y qué ha ocurrido para que hayamos cambiado esta percepción? Pues efectivamente, el coronavirus.

Solo cuando la necesidad nos ha obligado a utilizar esas nuevas tecnologías, el mundo ha descubierto que tiene en sus manos dispositivos que son mucho más que simples pantallas para leer Twitter o Facebook. Y como era de imaginar, también la medicina se está dando cuenta de su potencial, no solo en estos momentos, sino también de cara al futuro.

Un futuro más eficiente y resolutivo

Prueba de ese cambio radical en las costumbres es Google, que ayer mismo anunciaba que incorporaba a su buscador, y a la aplicación de Mapas, de toda la información relevante sobre centros médicos donde la videoconferencia es una opción a la hora de pasar consulta. Una teleasistencia que bien podría terminar con las visitas presenciales en aquellos casos donde no haga falta un reconocimiento expreso del paciente.

Apps de videoconferencia | Microsoft Skype

Pero no solo en la medicina de atención primaria tienen sentido las videoconferencias. En los hospitales también. Sirva de ejemplo el programa iniciado en EE.UU. por la St. Luke's University Health Network (SLUHN) que, en colaboración con Microsoft, ha instalado cerca de 3.000 tablets dedicados a la comunicación entre doctores y pacientes con el objetivo de ser mucho más eficientes a la hora de ofrecer una atención mucho más rápida, ágil y eficaz.

Gracias a estas herramientas, los médicos del SLUHN pueden estar en permanente contacto con los pacientes de coronavirus, ahorrando, así, el tiempo que necesitan en ponerse (o quitarse después) los equipos de protección antes y después de cada visita. De esta forma, pueden entablar conversación, conocer cómo se encuentra y decidir si es necesaria la presencia del facultativo a su lado.

Pero existe una ventaja añadida más, y es la de mantener al paciente comunicado con su familia en situaciones que, como la del coronavirus, le impide tener visitas de ningún tipo. Gracias a estas herramientas de videoconferencia, se mantiene el vínculo y el buen ánimo. Así lo han señalado desde la institución hospitalaria, donde hablan de que "no todo el mundo tiene un hijo o un hija que pueda venir, especialmente ahora".

Tan buenos resultados están obteniendo que ya hablan de continuar con estas prácticas y convertirlas en estándar de asistencia en sus centros de cara al futuro: "casi todos los proveedores de nuestra red han tenido algún contacto con esto ahora y han dicho: 'Hey, podríamos hacerlo porque funciona'".