En países como Alemania o Reino Unido superan los 90 premios Nobel en ciencia, mientras que en España tenemos los mismos que mundiales de fútbol, uno. Santiago Ramón y Cajal, que fue galardonado en 1906.

Quien cuenta que en España tenemos dos premios Nobel de ciencia está equivocado, porque el segundo sería como si Iniesta se hubiera nacionalizado en Estados Unidos y hubiera ganado otro mundial con el país.

Es lo que pasó con el médico y científico español Severo Ochoa, que realmente no era español sino que se nacionalizó en Estados Unidos.

Con la llegada de la democracia, Ochoa pudo aportar más a la ciencia española, pero durante casi 50 años su talento, que llegó a descifrar el código genético, lo aprovechó otro país.

Aunque una vez en España, en vez de financiación lo que encontró fueron homenajes en su pueblo de nacimiento y una escultura de sí mismo que se encuentra ubicada en Ciudad Universitaria.

Otro científico que también tuvo que hacer frente a penurias fue Ramón y Cajal. El hoy conocido como padre de la neurociencia se vio obligado a pedir dinero a su familia para poder continuar sus investigaciones. Además, incluso después de muerto no tiene un reconocimiento a su altura con un museo que haga honor a su enorme labor.