Arrinconados para siempre. Así quedaban durante el franquismo quienes padecían algún trastorno mental porque las condiciones de los llamados manicomios hacían que la recuperación fuera prácticamente imposible.

Enrique González Duro, el psiquiatra que se enfrentó al régimen, quiso cambiar el horror al que se enfrentaban durante décadas los pacientes en este tipo de instalaciones.

"Había dos pabellones, de mujeres y hombres, que llamaban 'sucios' o 'sucias'", explica a laSexta Columna.

El médico recuerda que los pacientes ni siquiera tenían espejos donde mirarse. "Algunos llevaban veintitantos años sin haber visto su cara y cuando les mostrabas una fotografía de sus tiempos juveniles no se conocían. Eso era un trastorno de identidad tremendo, ¿cómo se iban a curar ahí? Era imposible, cada vez había más enfermos", lamenta.

"El hecho de tener a un familiar en un centro era vergonzoso"

Además, González Duro denuncia que las enfermedades mentales eran un tema tabú porque "el hecho de tener a un familiar en un centro era vergonzoso".

En aquella España en la que el manicomio era la solución a la enfermedad mental, González Duro y sus compañeros se encerraron en su hospital para protestar. "Encierro voluntario e indefinido de los médicos psiquiatras", recogen los titulares de la época.

Una movilización con la que pretendían mejorar las condiciones de los pacientes, lejos de exigencias económicas. "No pedíamos ni una peseta de más, no había reivindicación laboral y a partir de ahí es como surge el hospital de día", cuenta. González Duro fue quien puso en marcha el primer hospital de día sin pacientes recluidos.

Por otro lado, laSexta Columna charla con unos padres que han perdido a su hija, que se suicidó con 18 años. Como muestra el vídeo, explican que luchan por salir adelante intentando ayudar a los demás para prevenir más casos así.