Mari Carmen pasea hoy sin miedo por un País Vasco que ha vivido el horror de ETA y recuerda cómo a finales de los 80, Jesús Mari, su marido, quiso meterse en política y ella lo aceptó resignada. A finales de los 80 las bombas de ETA no solían ir dirigidas a los políticos y el terrorismo nunca había golpeado el Ayuntamiento de Durango.

"En un principio, por los concejales, las cosas iban más o menos bien, no había muchas discusiones", cuenta Mari Carmen.

La violencia llegó a las calles de Durango a mediados de los 90 y la vida de Jesús Mari Pedrosa, que era concejal del PP, y la de toda su familia, cambió. ETA tenía una nueva estrategia. "Al principio te haces fuerte, pero al cabo del tiempo vas sintiendo miedo, mis hijas querían que él lo dejase", recuerda Mari Carmen.

"En la tregua del 99 seguía habiendo extorsiones, siguieron viniendo a casa", añade. La triste rutina de Jesús Mari y su familia se rompió sólo unos meses después del fin de la tregua.

"Vino mi hija pequeña preguntando qué pasaba y yo no le pude contestar, estaba un poco en shock. Ella se enteró porque volvieron a dar la noticia con más detalles, dijeron su nombre, y se enteró así de lo que había ocurrido", narra Mari Carmen.

Mari Carmen recuerda esos primeros instantes en los que comprendió que ETA había asesinado a su marido. Era un domingo de junio del año 2000, a mediodía con la cara descubierta un etarra se acercó por detrás y le disparó en la nuca.

Jesús Mari en ese momento no llevaba escolta. "Lo llevó durante dos años antes de la tregua y cuando terminó no lo quiso retomar, decía que le quitaba privacidad. Igual le hubiesen matado de cualquier forma, aunque un poco más difícil porque cambiaban los recorridos", lamenta la viuda en laSexta Columna.

Por otro lado, laSexta Columna habla con uno de los protagonistas de la lucha policial contra ETA que cuenta con más de tres décadas de servicio en la Comisaría General de Información. Puedes ver el vídeo su testimonio.