La mecanización del trabajo trajo consigo la reducción de la jornada laboral. Esto, según explicaba el exministro popular Luis de Guindos en una entrevista en 2017, "es una de las señales más claras del progreso". "Creo que seguirá reduciéndose, sin duda", vaticinaba el hoy vicepresidente del Banco Central Europeo.

Las nuevas tecnologías nos permiten trabajar desde cualquier lugar y de forma más ágil. Ya en las en las últimas elecciones, Más País proponía reducir la jornada laboral. Así lo defendía su líder, Íñigo Errejón, que aseguraba que "los avances en la productividad nos permiten reducir la jornada laboral a cuatro días semanales".

Una medida que, sin embargo, a Unidas Podemos se le cayó del acuerdo de investidura. La ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, así lo confirmaba el pasado mes de marzo que la formación morada defendía reducir la jornada, "pero no está recogido en el acuerdo de gobierno" con el PSOE.

Quizás, la crisis del coronavirus nos haya brindado una oportunidad para reducir los atascos y probar que se puede trabajar fuera de la oficina, menos horas y seguir siendo productivos.

Para Ana Requena, redactora jefa de Género de 'eldiario.es' esta "puede ser una oportunidad para darnos cuenta de que puede haber jornadas distribuidas de otra manera, podemos incluso tener jornadas de menos horas que a lo mejor sean más productivas". "Podemos darnos cuenta de que el presentismo es algo absolutamente obsoleto", agrega la periodista.

El economista José Moisés Martín, por su parte, recuerda que "estamos en un país que ahora mismo mide las horas de trabajo". Una obligación que habría que adaptar a la nueva "realidad que representa el teletrabajo". "No podemos hacerlo de la misma manera de cuando íbamos a la oficina, eso no tiene ningún sentido", sentencia.