El franquismo vendía la idea del matrimonio como una fantasía de princesas y Franco para asegurarse de que todas las mujeres disfrutaran de ese cuento para siempre eliminó los avances de la República en materia de Igualdad.

Tras acabar con el matrimonio civil en la práctica, en 1939 derogó el divorcio "devolviendo así a nuestras leyes el sentido tradicional, que es el católico".

Por si quedaban dudas sobre el grado de esclavitud de la mujer en la dictadura. En 1944 se decidió que si "el marido sorprendía en adulterio a su mujer" y mataba en el acto a los adúlteros, sólo sería castigado con la pena de "destierro". Si les producía lesiones de otra clase quedaría "exento de la pena". Traducido: el asesinato machista en tiempos de Franco se justificaba.

"Era atenuante de asesinato que el marido encontrara en adulterio a la mujer, pero no al revés", recuerda Enrique Linde, subsecretario del Ministerio de Justicia en 1981.

"Tenemos todavía muy interiorizada la idea de que dentro de las parejas hay ciertas cosas que se tienen que hacer y punto y creo que viene de esta herencia donde violar a tu mujer no era una violación, era ejercer el deber conyugal", sostiene Ana Requena, redactora jefa de Género en eldiario.es.

Por otro lado, laSexta Columna habla con Ana María Pérez del Campo, histórica feminista, que recuerda cómo fue la lucha para conseguir el divorcio hace 40 años.