LASEXTA COLUMNA
'Julio inédito', los temas que no has escuchado: el mito al que España perdonó todo
La otra cara Si alguien es elevado a la figura de mito, ya no te puede fallar. Y eso había pasado con Julio Iglesias. Había señales que indicaban que no era simplemente un artista un poco rijoso. El país le había disculpado tropezones que habrían dañado cualquier reputación (sociedades en paraísos fiscales incluidas). Daba igual, el cariño que le tenía España llegaba hasta el meme.

Había una vez un mozalbete de tez morena que iba a triunfar bajo el larguero del Real Madrid, pero un trágico accidente de coche le separó de su destino. Sin embargo, para cumplir con la epopeya del Régimen, durante su convalecencia acabó agarrando una guitarra y convirtiéndose en una estrella de la música.
A esa historia le rodaron hasta una película (pretendidamente autobiográfica) y el propio Iglesias ha alimentado esa leyenda. Pero contiene inexactitudes confirmadas por el padre de Iglesias, el ginecólogo Julio Iglesias Puga, alias Papuchi. "El doctor Iglesias dice: 'le gustaba más ir de fiesta y detrás de las faldas que los entrenamientos'. Pero interesaba hacer circular esta imagen de que realmente se truncó una carrera deportiva muy exitosa", argumenta el sociólogo Hans Laguna, que ha estudiado la figura del cantante para su libro 'Hey! Julio Iglesias y la conquista de América'.
Papuchi también intervino moviendo su mano derecha en la dictadura para que su hijo tuviera su primer gran éxito: el festival de Benidorm. Porque no sólo el cantante es un poquito conservador. Su padre había sido un falangista de primera hora. Hasta el punto de contar en sus memorias que estuvo presente en el discurso fundacional del partido de José Antonio en 1933.
Un árbol genealógico escorado, sí. Pero con dinero mediante. Cuando el Gobierno de Felipe González estaba acosado por la corrupción y el escándalo diario, el cantante, que ya era una estrella mundial, quiso aportar otro clavo en el ataúd socialista: "España necesita urgentísimamente una renovación de todo. La gente joven, que es un gobierno nuevo, recicla el país y le da una energía nueva. Y este Gobierno está cansado", soltó en la presentación de su nuevo disco.
Sólo un par de años después, Iglesias se tiraba fotos junto a Manuel Fraga, presidente de la Xunta de Galicia, para promocionar el camino de Santiago por el año Xacobeo 1993. Por lo que se ve, un exministro de Franco no necesitaba renovación. Entonces, le preguntaban al cantante por el vil metal público que iba a costar a los gallegos su ínclita promoción. Pero él respondía altanero: "Me cuesta más viajar en mi avión, que lo que me pagan aquí". Un servidor no tiene jet privado, pero por si sirve para hacerse una idea: el diario El País publicó que Iglesias cobró unos 300 millones de pesetas (en esa época, habría sido al cambio 1,8 millones de euros).
Es cierto que uno no puede pagar mansiones caribeñas siendo un santurrón marxista. Y probablemente Iglesias tampoco habría llegado a ser el cantante español más famoso del planeta sólo aupado por su talento. Y de hecho, tal y como afirma el sociólogo Hans Laguna, "antes que él no había ninguna figura no anglosajona que hubiera triunfado en los Estados Unidos". Pero ese éxito tuvo detrás una gran estrategia de marketing. "La campaña tenía tres patas: la gran discográfica CBS, la agencia de relaciones públicas de Hollywood y, por otro lado, la agencia de contratación que le conseguía las apariciones televisivas. Con esta imagen de latin lover, consiguieron que fuera conocido para el público estadounidense", describe Laguna.

Por eso, un desconocido Julio Iglesias en Estados Unidos empezó a aparecer en fiestas con famosos. Después llegaron las apariciones con políticos en la Casa Blanca o cantar un 4 de julio con los Beach Boys en la explanada del Capitolio en Washington.
Julio Iglesias era el éxito español en el mundo. Y además se había extendido con una fórmula de latino exótico. Sus entrevistas se llenaban de dobles sentidos con referencias sexuales. Repasando ahora el archivo es fácil encontrar cómo le preguntaban constantemente por su aventuras con las mujeres. Y si una examante reconocida escribía un libro dejando caer que el cantante tenía actitudes machistas un poco abusivas se ponía en duda su relato: "Una persona que aguanta todo eso durante años o es una ambiciosa o quiere fama o dinero", se llegó a decir en un programa de corazón en 2010.
Pero ahora la investigación de eldiario.es y Univisión ya no protege el mito de Julio Iglesias. Son precisamente extrabajadoras de origen humilde las que han parado la música de la superestrella. Tras el archivo de la causa en España, de momento, Julio Iglesias no tendrá que echar más gasolina a su avión privado para declarar.
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