"Tú haces así y salen corriendo como romanos", le advierte Alberto Chicote a José Antonio, el dueño de Il Fogón della Toscana, mientras abre el arcón que se encuentra instalado en medio del comedor del restaurante. Su olor es insoportable. El desagradable momento da pie a un rifirrafe entre José Antonio y Reme, su mujer y también propietaria del local.

Con esta primera impresión aún muy reciente en su memoria olfativa, Chicote se dirige a la cocina para conocer a fondo las instalaciones y el personal que en ellas desempeñan su labor. "Está solo, no le puedo pedir más de lo que puedo exigirle. La limpieza la va llevando como puede", se disculpa José Antonio en nombre de su cocinero. "Pues puede poco", le responde el chef para seguidamente, ponerse a rascar grasa y suciedad, espátula en mano.

"Toda la mierda que ha sacado Chicote con la espátula me han dado ganas de echársela a José por la lengua", reconoce Reme. Pero lo peor aún está por llegar. Alberto Chicote descubre que dentro del congelador hay cucarachas heladas. "Tienes una cocina de mierda, tío", le reprocha a José Antonio.

En su investigación, el chef tiene que enseñarle al propietario que los huevos no se pueden guardar con los cartones. "Está prohibidísimo, porque en estos cartoncitos vienen huevitos de cucaracha", le dice. También encuentra un bote con tinta de calamar estropeada que el cocinero había guardado. "Si yo tengo que dar de comer aquí estoy cagado de miedo cada minuto, porque pienso que cada cliente que sale por la puerta se va a ir al hospital".