La infancia de José Sacristán en Chinchón estuvo marcada por el encarcelamiento de su padre durante la dictadura franquista y la ausencia de su madre, que tenía que viajar de un lado a otro para buscar ayuda. Por ello, él se crio junto a su abuela y a su tío.

Una infancia muy dura que no recuerda con rencor, sino con buenas palabras hacia sus progenitores. "Mi madre era mi cómplice, mi alegría, cuando ella aparecía era todo celebración. No había un sitio en el que se estuviera mejor", ha apuntado.

Su padre era algo más duro, pero es que tuvo que convivir con la "pena, el dolor y la mala hostia". "Era imposible reclamarle cualquier cosa que se pareciera a la ternura", señala al respecto. Y es que vivió la muerte de su madre y su hermana, las dos a causa del cáncer, y una guerra que lo llevó a la cárcel.

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Durante su entrevista con Mamen Mendizábal también ha hecho un repaso a su trayectoria como actor. Lo ha hecho desde el teatro Lope de Vega de Chinchón, que le vio dar sus primeros pasos.

Además, ha comentado sus inicios en la vida como profesional. Él comenzó trabajando como tornero fresador en un taller de un amigo de su padre, pero muy pronto se dio cuenta de que lo suyo era la interpretación.