"El metabolismo no cambia, lo que cambia es nuestro cuerpo", explica Luis Alberto Zamora. EL cambio empieza a los 30 años, cuando nuestro cuerpo tiende a gastar cada vez menos y nosotros seguimos comiendo lo mismo. Al no adaptarnos, sufrimos las consecuencias.

Es a esta edad cuando baja la tasa metabólica basal, que se refiere a lo que gasta el cuerpo para estar vivo sin hacer ningún tipo de ejercicio. También disminuye la regeneración celular, aumenta el peso corporal y aumenta la rigidez de las articulaciones, lo que nos hace menguar unos centímetros cada 10 años.

Por eso, debemos prestar especial atención a nuestra alimentación y evitar el alcohol, los dulces, los embutidos y los snacks.

A los 40, debemos centrarnos en reforzar la densidad ósea con calcio, higos secos y langostinos, entre otros alimentos. Con 50 años, aumenta la fatiga y el cansancio, algo que tiene que ver con los músculos, ya que empezamos a perder masa muscular. Alimentos como el brócoli, los huevos o los pistachos son ricos en proteínas, magnesio, hierro, vitamina B6 y vitamina B12, imprescindibles en nuestra dieta.