En Lo de Évole

La emoción de Alba Flores cuando un coro callejero empieza a cantar 'No dudaría' al verla

La entrevista llega a su final con Jordi Évole y Alba Flores paseando por las calles de Madrid. En una de sus plazas más emblemáticas, un coro comienza a cantar la canción más emblemática de Antonio Flores. Alba ya no canta, pero escucha y se emociona.

La emoción de Alba Flores cuando un coro callejero empieza a cantar 'No dudaría' al verla

Jordi Évole camina sin rumbo por el centro de Madrid cuando llega a la plaza de Santa Ana. Su invitada del programa de hoy, Alba Flores, le pregunta si se ubica. Ella ha actuado allí alguna vez. Recuerda Troyanas, saluda a la estatua de Lorca y decide dejarle una flor. Lo inesperado llega, como casi siempre en su vida, con música: un coro que cantaba villancicos la reconoce y cambia de canción.

Empiezan a cantar No dudaría, el himno antibelicista de su padre, Antonio Flores. Alba se queda quieta, emocionada, mientras la plaza entera termina cantando y bailando. El cierre perfecto para una jornada en la que la actriz se ha abierto en canal con Jordi Évole, hablando, sobre todo, de su padre.

Su recorrido en Lo de Évole: del Rastro a la plaza de Santa Ana

Jordi acompaña en esta entrevista a Alba Flores en un recorrido íntimo por su vida, su familia y sus ideas, apenas un día después de recibir el premio Forqué por Flores para Antonio, el documental con el que ha vuelto a mirar a su padre desde la madurez. Alba no se presenta solo como actriz, sino como una mujer atravesada por la memoria, la política y el duelo.

El viaje comienza en el Rastro de Madrid, un lugar que para ella no es decorado sino raíz. Entre revistas antiguas, aparece el nacimiento de Antonio Flores. Ese legado pesa, especialmente para las mujeres de la familia, marcadas por el escrutinio mediático, el machismo y la exposición desde niñas.

El encuentro con su madre y su prima

Alba recuerda episodios dolorosos, como el juicio ganado por la publicación de una foto suya siendo menor, y reflexiona sobre lo que significa crecer sin protección frente a la fama. La aparición de su madre, Ana Villa, aporta una mirada honesta sobre Antonio Flores y sobre lo duro que ha sido para todas remover el pasado con el documental.

Junto a su prima Elena Furiase, Alba evoca una infancia marcada por el arte, la imaginación y la presencia constante de Lola Flores y El Pescaílla. Rechaza etiquetas como "clan" o "patriarca" y corrige a Évole cuando el lenguaje se desliza hacia el estereotipo. Para ella, nombrar bien es también una forma de justicia.

El programa entra de lleno en lo político cuando Alba habla del racismo que ha sufrido por ser gitana, del machismo, del auge de la extrema derecha y de la polarización social. Critica el patriarcado, reflexiona sobre privilegio, defiende las nuevas masculinidades y conecta la represión sexual con el autoritarismo.

Su conexión con Carla Simón

Uno de los bloques más intensos llega con el encuentro entre Alba Flores y Carla Simón. Ambas comparten la experiencia de perder a sus padres muy jóvenes y de llevar consigo el peso de los estigmas. Hablan de memoria, de silencio, de generaciones y de cómo mirar los años 80 más allá de la droga: como una época de libertad, riesgo y valentía. Alba confiesa que, durante el proceso del documental, se descubrió admirando a su padre por haber logrado desintoxicarse.

Por eso, cuando No dudaría suena en la plaza de Santa Ana, no es solo una canción. Sus acordes hablan de todo lo vivido, de todo lo contado, de todo lo guardado: el padre antifascista, la memoria sin vergüenza, el permiso para vivir más allá de la muerte heredada.

Alba no canta. No puede cantar. Pero escucha.

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