Mientras en Madrid se celebra la cumbre de la OTAN que marca la hoja de ruta de la Alianza para la próxima década, el presidente de Rusia, Vladímir Putin, ha viajado hasta Turkmenistán. Es la primera vez que ha salido de su país desde que empezó su guerra, y se ha montado una cumbre alternativa a la de la OTAN. En ella participan también los lideres de Azerbaiyán, Kazajstán e Irán. Pero ¿quién es el líder de Turkmenistán? ¿Cómo es el mandatario con el que se ha reunido hoy Putin en su primer viaje internacional tras la invasión?

Se llama Serdar Berdimuhamedow, es desde marzo de este año presidente de Turkmenistán, un país del centro de Asia que compite con Corea del Norte para ocupar el primer puesto en represión y hermetismo. Las políticas de Serdar siguen a pies juntillas el legado de su perdecesor, su padre. De hecho, padre e hijo son conocidos por imponer normas que rozan el surrealismo. Como obligar a todos sus subditos a transcribir cada palabra que sale por la boca del líder.

Desde su primer consejo de ministros, todos sus equipos de gobierno tienen siempre un cuaderno a mano para anotar todo lo que dice. También aplica la mano dura con sus trabajadores publicos. Nada es más temido por sus funcionarios que ser enrolados en la campaña de recogida del algodón. Cada otoño, miles de profesores, administrativos y estudiantes son obligados a realizar varias semanas de trabajos forzados. De hecho, Estados unidos y otras naciones han interpuesto sanciones por estas prácticas.

Otro de los mejores ejemplos de su excentricidad se encuentra en la capital del país, Asjabad. Es la obsesión de Serdar y lo fue de su padre. Acumula record guinnes rocambolescos, como ser la ciudad con más fuentes del mundo o la urbe con más edificios de mármol blanco de todo el planeta. Y lo más curioso: no tiene habitantes. La estética es obsesión para el mandatario turkmeno. De hecho, está prohibido que los hombres menores de 40 lleven barba o tener el coche sucio. Incluso le molesta que la gente lleve coches que no sean blancos.

En la television estatal, Serdar tambien se dedica a vender su imagen como un icono polifacético: monta en bici, va al gimnasio, promueve el arte local. Ninguna disciplina se le resiste. Y eso nos lleva a otra de las excentricidades del regimen turkmeno: el Ruhnama, es una interpretación del Corán que escribió el primer dictador postsovietico de Turkmenistán. Es algo así como su dogma, su código de conducta. Por eso le han dedicado una macrofuente en la capital. Por supuesto, todo turkmeno está obligado a leer el libro. Serdar mantiene ese codigo de conducta y trabaja para que Turkmenistán siga siendo una de las dictaduras más herméticas y excéntricas del mundo