Poner, usar y abandonar

Trump coloca a Delcy Rodríguez en Venezuela y repite un patrón histórico de EEUU en América Latina

Los detalles Desde Panamá en 1989 hasta Cuba y Guatemala, Estados Unidos ha puesto líderes, sacado provecho mientras le convenían y abandonado a quienes ya no servían. Ahora Venezuela entra en la misma dinámica, con Delcy como pieza central.

Trump coloca a Delcy Rodríguez en Venezuela y repite un patrón histórico de EEUU en América Latina

Cinco días después de la incursión de Estados Unidos en Venezuela, Nicolás Maduro sigue encarcelado, y Delcy Rodríguez ejerce como presidenta encargada. Mientras tanto, Diosdado Cabello solo se atreve a salir a la calle rodeado de militares, consciente de que podría ser el siguiente si no colabora.

En Caracas, la gente vive una calma tensa, con patrullas desplegadas permanentemente. La ciudad parece tranquila, pero bajo un control constante.

Delcy, la elegida de Trump

Trump ha colocado a Delcy Rodríguez para ser su enlace en Venezuela. Él quiere acceso total al país, especialmente al petróleo, y ha dejado claro que quien manda es él. Esto no es nuevo. La historia muestra que Estados Unidos ha hecho lo mismo antes: colocar líderes que les sirven mientras son útiles, y luego abandonarlos cuando dejan de cumplir sus intereses.

Por ejemplo, en Panamá, en 1989, Estados Unidos invadió el país para derrocar a Noriega y puso en el poder a Guillermo Endara. Desde una base militar estadounidense, Endara asumió la presidencia, pero dependía completamente de EEUU: su margen de decisión era mínimo y Panamá quedó como un país tutelado.

En Cuba, Estados Unidos apoyó al dictador Fulgencio Batista, que les abrió la puerta a negocios y tratados comerciales favorables, mientras reprimía cualquier disidencia interna. Pero cuando la Revolución Cubana lo expulsó, Estados Unidos lo abandonó, demostrando que su respaldo solo duraba mientras servía a sus intereses.

Algo similar ocurrió en Guatemala, donde Estados Unidos orquestó un golpe de Estado e impuso a Castillo Armas, quien entregó tierras y privilegios a empresas estadounidenses. Dependía totalmente del respaldo de Washington y, cuando dejó de ser útil, fue asesinado en 1957.

Hoy, en Venezuela, la historia se repite. Delcy es la elegida, pero Trump es quien realmente manda. Quiere que ceda el control de los recursos estratégicos y deja claro que quien no cumpla con sus órdenes pagará un precio más alto que Maduro.

Mientras tanto, los venezolanos siguen viviendo entre patrullas y vigilancia, conscientes de que la verdadera autoridad en el país ya no reside en su presidenta interina, sino en Washington.

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