Las miradas de todos los mercados financieros están hoy puestos en El Salvador. Y es que el país más pequeño de Centroamérica se ha convertido en el primero del mundo que acepta las criptomonedas como divisa de curso legal, lo que significa que cualquier cosa se va a poder pagar allí con bitcoin, desde un bocadillo a los impuestos de la declaración de la renta.

El Salvador se ha convertido así en un pionero mundial, puesto que, hasta ahora, las criptomonedas estaban reservadas para transacciones digitales. Sin embargo, ahora dan el salto a la calle.

El presidente, Nayib Bukele, afirma que el objetivo es incrementar el Producto Interior Bruto (PIB) de su país. La clave está en las remesas: hay dos millones de salvadoreños que viven en el extranjero y desde allí envían dinero a sus familiares en El Salvador, unas aportaciones que suponen el 20% del PIB del país. Para enviarlas como hasta ahora, tienen que pagar muchas comisiones, pero el Gobierno de El Salvador cree que con el bitcoin no las habrá.

Sin embargo, esta operación política y económica tiene también una cara oculta: según los expertos consultados por laSexta Clave, esa llegada masiva de criptomonedas a El Salvador puede convertir al país en un centro internacional de lavado de dinero de procedencia ilícita.

Dicho de otra forma, convertir el bitcoin en una moneda de curso legal es una llamada desesperada a la entrada de capital al país, tenga la procedencia que tenga: narcotráfico, trata de mujeres, tráfico de armas... Dinero que ahora tiene otro 'puerto seguro' al que llegar.

Pero, además, hay otro problema: si la inflación ya golpea el día a día de cualquier país, convivir con la 'lotería' de las criptomonedas supone una enorme volatilidad. Por ejemplo, el bitcoin ha comenzado la jornada del martes con un precio superior a los 44.000 euros y ha caído más de un 11% a lo largo del día. En menos de 24 horas, vale casi 4.000 euros menos. No obstante, algunos expertos creen que puede llegar a valer 100.00 dólares antes de que acabe el año.