El parlamento de Hungría acaba de aprobar, en pleno siglo XXI, una ley que prohíbe hablar de la homosexualidad en los colegios. Esto va a suponer, entre otras cosas, la prohibición de que los menores puedan ver películas como Harry Potter o Billy Elliot por tener personajes homosexuales o que tratan el tema de la identidad sexual.

Es obra del conservador Viktor Orbán, que lleva más de diez años de primer ministro de Hungría y controla dos tercios de su Parlamento. En laSexta Clave hemos querido profundizar sobre cómo es la Hungría que está construyendo.

Se puede resumir como un cóctel de odio muy difícil de digerir. Primero, hacia el colectivo LGTBI con decisiones como la de suspender en 2017 el musical de Billy Elliot en la ópera de Budapest o llegando a modificar la constitución para prohibir el matrimonio homosexual.

Así comenzó la lucha de un colectivo que no ha dejado de reivindicar sus derechos que cada vez son menos. Otro ejemplo, desde 2020, el Gobierno del ultranacionalista solo permite adopciones por ley cuando la madre es mujer y el padre es varón.

Medidas contra el feminismo

Pero el colectivo homosexual no es el único blanco en la diana de Orbán. Desde que llegó al poder en 2010 también ha ido reduciendo los derechos de las mujeres que el feminismo había logrado: por ejemplo, suprimió el articulo de la constitución que velaba por la equiparación salarial entre hombres y mujeres. Y aunque el aborto está autorizado en Hungría, se introduce un punto que obliga a las mujeres a proteger al feto desde el mismo momento de la fecundación.

Una reforma laboral contra los trabajadores

También ha puesto en marcha medidas que van contra los trabajadores, como la polémica reforma laboral que se aprobó en 2018 en el país y que se conoce como 'la ley de esclavitud'. Esta reforma permite duplicar las horas extra anuales de los empleados, obligándoles a trabajar seis días por semana, y cuyo pago se pude producir hasta tres años después.

Su política de inmigración, su principal caballo de batalla

En cuanto a la inmigración, el Gobierno húngaro llegó a imponer una ley por la que ayudar a un inmigrante a solicitar asilo en el país podría suponer hasta un año de cárcel. Y es que los inmigrantes han sido su principal caballo de batalla, sobre todo los refugiados sirios a los que ha enjaulado, repelido con concertinas y ha expulsado a golpes.

Más control en pandemia

Orbán ha atacado la base misma de la democracia con medidas muy difíciles de defender. Por si no fuera suficiente la autoridad que le permite la mayoría absoluta, con el COVID-19 como excusa aprobó en el parlamento la extensión sin límite del estado de emergencia. Esto conlleva que cualquiera de sus decisiones no necesitan autorización de ninguna institución ni del propio parlamento.

En pandemia también acalló las voces críticas en redes sociales de aquellos que cargaban contra su gestión de la pandemia, y lo hizo a través de multas y detenciones.

Como destaca el periodista Rodrigo Blázquez, este es el país que está levantado Viktor Orban en una década de presidente: "Racismo, homofobia y machismo. El sueño de la Ultraderecha". Y es también el sueño de Santiago Abascal, líder de Vox, que hace tan solo unas semanas elogiaba así al primer ministro de Hungría: "Viktor Orbán es un ejemplo del rumbo que merece Europa: defensa de soberanías y fronteras, políticas de familia y respeto a las raíces culturales".

Es su modelo a seguir y por eso se ha reunido con él varias veces. La última, hace tan solo tres semanas para comprobar las prácticas del Gobierno húngaro para frenar la llegada de migrantes. También aplaudió el bloqueo de Obrán a los fondos para la recuperación económica de la Unión Europea