Hubo un momento de la pandemia en el que se ponía como meta la ansiada inmunidad de grupo. El concepto se popularizó al comienzo de la campaña de vacunación, sin embargo, su peso se ha ido diluyendo con el paso de los meses.

El motivo es que, con más del 90% de la población vacunada, los contagios se siguen produciendo, y más que nunca. De hecho, hoy hemos batido el récord de positivos diarios de toda la crisis sanitaria.

Lo cierto es que la inmunidad de grupo existe con gran parte de las enfermedades infecciosas, pero parece que no es el caso del COVID. Por el momento, parece una utopía, pero, ¿por qué no la hemos logrado?

Uno de los motivos principales es que las vacunas son la herramienta más efectiva para hacer frente a las formas graves de la enfermedad, pero no protegen al 100% de la inmunidad, por lo que los vacunados pueden contagiarse y contagiar a otros, aunque en menor medida que los no vacunados.

Además, poco a poco vamos perdiendo la inmunidad, constituyéndose así los dos factores que permiten que el virus circule no solo entre los no vacunados, sino en mayor o menor medida, en toda la población.

Un hecho que se hace más evidente con la aparición de nuevas variantes. Mientras el virus circula, evoluciona. Surgen nuevas formas más contagiosas, más resistentes, y necesitamos dosis de refuerzo. Cuanto más tiempo se tarda en detener la transmisión, más tiempo tienen las variantes para emerger y propagarse.

De ahí la importancia de extender la vacunación más allá de los países desarrollados. Mientras en España tengamos a más del 80% de la población total vacunada, pero en Nigeria tienen se siga con un 2%, el virus seguirá circulando, ya que las variantes surgen en un país y se propagan por todo el mundo.

Además, en caso de que se consiguiera la utopía de una vacunación global, el virus aún podrá resistir en los animales, ya que hay especies que también se pueden contagiar y, por lo tanto, funcionan como reservorios del virus desde la cual puede volver a introducirse en los humanos.

Con esta situación, la única solución factible parece aprender a convivir con el COVID logrando una normalidad sin necesidad de medidas radicales, de forma que la mayor cantidad de gente de todo el mundo esté protegida contra la enfermedad grave y contra la muerte.