Prejuicios dañinos

Que "no se fueron" o que "no denunciaron antes" no significa que puedan elegir: el caso Julio Iglesias muestra lo mucho que queda por cambiar

¿Por qué es importante? Aunque algunos puedan pensar que era fácil "irse" o "denunciar antes", las denuncias de las exempleadas de Julio Iglesias muestran que cuando vives bajo miedo, dependencia y abuso total, escapar o hablar no es tan sencillo como parece.

Que "no se fueron" o que "no denunciaron antes" no significa que puedan elegir: el caso Julio Iglesias muestra lo mucho que queda por cambiar

Se ha vuelto a demostrar que queda mucho por hacer en cómo la sociedad entiende la violencia sexual y el abuso de poder. Los comentarios que siguen apareciendo —"no estaban atadas", "¿por qué no se iban?", o "¿por qué no denunciaron antes?"— invalidan a las víctimas y muestran un desconocimiento preocupante.

En las últimas horas, también hemos escuchado frases como:

  • "¿Por qué iba Julio a abusar de alguien, si Julio puede tener las mujeres que quiera?"
  • "¿Cómo va a hacer algo así Julio si es mi amigo y he estado en su casa?"

Estas frases son horribles porque no solo desestiman a la víctima, sino que demuestran tres problemas graves:

  • Que se ve el acoso como una "necesidad" ligada al poder o al deseo sexual, cuando en realidad es un abuso consciente.
  • Que no se entiende que la riqueza, la fama y el poder aumentan la impunidad.
  • Que parece que solo los "monstruos horribles" acosan, mientras que en realidad estos abusos ocurren cerca de nosotros, aunque no se vean porque rara vez suceden "en público" o con testigos.

El caso de Julio Iglesias lo evidencia. Dos exempleadas denunciaron presuntas agresiones sexuales, acoso y maltrato mientras trabajaban para él en 2021. Según sus relatos a 'elDiario.es' y Univision, Iglesias ejercía control absoluto, con vejaciones, tocamientos, agresiones y humillaciones.

Rebeca —nombre ficticio— relató haber sufrido penetración anal sin su consentimiento, abofeteos y haber sido obligada a practicarle sexo oral durante horas. Laura —nombre ficitico de otra denunciante— recuerda que Iglesias la recibió personalmente al llegar a trabajar, diciéndole: "¿Estás lista para que te cambies la vida?", mostrando desde el primer momento el poder absoluto que ejercía como empleador.

Y este caso también pone de relieve la vulnerabilidad de las trabajadoras del hogar, un colectivo frecuentemente invisibilizado. El 95% son mujeres y casi siete de cada diez son extranjeras. Los casos de abuso o agresión sexual son mucho más frecuentes de lo que se imagina: más de la mitad afirma haber sido víctima, aunque solo una de cada diez denuncia, principalmente por miedo o situación irregular. El perfil del agresor suele ser hombre y jefe directo, como en este caso. Tras sufrir la agresión, seis de cada diez trabajadoras dejaron el empleo o fueron despedidas.

En este contexto, preguntar "¿por qué no se fueron?", o "¿por qué no denunciaron antes?", es ofensivo. Estas mujeres estaban solas, jóvenes, en otro país, sin recursos económicos, sin conocer a nadie y completamente dependientes de su agresor. El miedo y la presión eran totales. Denunciar lleva tiempo: un estudio indica que las víctimas de violencia sexual tardan de media ocho años en verbalizarlo. Denuncian cuando pueden, no cuando otros esperan que lo hagan.

Algunos incluso han dicho que esto "tiene pinta de ser un montaje" y cuestionan por qué hay que creerlas antes que al acusado. La ley es clara: si el testimonio es consistente, no tiene motivos espurios y no hay contradicciones, se da credibilidad a la víctima. En este caso, hay tres años de investigación, mensajes, fotos, documentos, audios, testigos y psicólogos que respaldan sus relatos, mientras que Iglesias permanece en silencio.

Lo que evidencia todo esto es que queda mucho por hacer:

  • Escuchar a las víctimas sin prejuzgarlas.
  • Entender que el poder, la fama y la riqueza no eximen de responsabilidad, sino que muchas veces aumentan la impunidad.
  • Reconocer la vulnerabilidad de colectivos como las trabajadoras del hogar, donde los abusos son frecuentes y las denuncias escasas.
  • Combatir los prejuicios que minimizan el sufrimiento de las víctimas y justifican a los agresores por su estatus social.

Hasta que eso cambie, comentarios que minimizan el dolor y cuestionan a quienes denuncian seguirán apareciendo. Y eso es algo que no podemos permitir.

016, teléfono contra la violencia machista

El 016 atiende a todas las víctimas de violencia machista y sus entornos las 24 horas del día y en 52 idiomas diferentes, al igual que el correo 016-online@igualdad.gob.es; también se presta atención mediante WhatsApp a través del número 600000016, y los menores pueden dirigirse al teléfono de la Fundación ANAR 900 20 20 10.

En una situación de emergencia, se puede llamar al 112 o a los teléfonos de la Policía Nacional (091) y de la Guardia Civil (062) y en caso de no poder llamar se puede recurrir a la aplicación ALERTCOPS, desde la que se envía una señal de alerta a la Policía con geolocalización.

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