su moral es lo que le beneficia
La mujer le vale mientras no le moleste y una lealtad cambiante: así funciona la "moralidad" de Trump como único límite a su poder
El contexto "Sí, hay una cosa. Mi propia moralidad. Mi propia mente. Es la única cosa que me puede parar (...). No necesito el derecho internacional. No busco hacer daño a la gente", soltó el presidente de EEUU cuando le preguntaron en una entrevista con 'The New York Times' si hay "controles" a su poder.

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Donald Trump, ex presidente de Estados Unidos, ha afirmado que su poder como líder solo está limitado por su propia moralidad, descartando la necesidad del derecho internacional. Su comportamiento ha demostrado que su lealtad es unidireccional, beneficiándose de sus seguidores cuando le conviene, como se evidenció en el asalto al Capitolio. Su trato hacia las mujeres es utilitario, considerándolas valiosas solo mientras no cuestionen sus políticas. Además, Trump ha mostrado un desprecio hacia los demócratas, la prensa y el sistema judicial, a los que califica de enemigos y conspiradores. En cuanto a la inmigración, su moral parece depender del origen o color de piel, justificando la violencia policial y suspendiendo solicitudes de residencia. En resumen, la moral de Trump parece estar definida por lo que le beneficia personalmente.
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Trump sigue su propia moral. El presidente estadounidense dijo en una entrevista con 'The New York Times' publicada este jueves no "necesitar" del derecho internacional y que solo su "propia moralidad" limita su poder como líder de la nación. "Sí, hay una cosa. Mi propia moralidad. Mi propia mente. Es la única cosa que me puede parar (...). No necesito el derecho internacional. No busco hacer daño a la gente", soltó cuando le preguntaron si hay "controles" a su poder. Pero, si estos son sus límites, ¿cuál es su moral?
Empezamos por casa, el movimiento MAGA. Moral 'trumpista' número uno: la lealtad es de abajo, hacia arriba. Para él son útiles solo cuando le conviene, y si no que les pregunten a los asaltantes del Capitolio. Trump los animó a luchar por supuesto fraude electoral hasta que estalló la violencia. Entonces desapareció y se lavó las manos.
Extraña moral también la que mostró tras el asesinato de Charlie Kirk. Al día siguiente se le vio en un partido de béisbol sonriente, aplaudiendo y disfrutando del juego, como si nada hubiese pasado.
Con Trump, la mujer vale mientras no moleste. Porque todas ellas, incluidas las republicanas y abiertamente 'trumpistas', han pasado de ser "fantásticas" a "locas" y "traidoras" solo por cuestionar sus políticas o por forzar la desclasificación de los archivos de Epstein, por ejemplo. Claro que él ya lo dijo hace unos años: "Cuando eres una estrella, ellas te dejan hacerles cualquier cosa". "Puedes hacer cualquier cosa", insistió, como "agarrarlas por el coño".
Esta es la moral con lo suyos. ¿Y con los demás? Los demócratas no son adversarios, son "enemigos del pueblo". La prensa no informa, "conspira". Y los jueces no juzgan, "persiguen". Las clases trabajadoras a las que dice defender se mueren hambre. Baja los impuestos a los ricos y pide paciencia a los más pobres. Curioso es también que cuando gana, la democracia funciona. Cuando pierde, sin embargo, está amañada.
También está su moral fronteriza. El valor humano para Trump depende del pasaporte o del color de piel. Para Trump la violencia policial está justificada cuando se aplica sobre migrantes o sobre quienes los defienden porque para él los migrantes venezolanos, mexicanos, cubanos y hasta de 16 países más son "invasores", "animales" y "violadores".
Por eso suspende las solicitudes de residencia de todos ellos. Así que cuando Trump dice que sigue su moral, tiene razón. Su moral es lo que le beneficia.
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