La ultraderecha vuelve
Kast y el 'sadopopulismo': cómo gana elecciones jugando con la frustración, la envidia y el dolor ajeno
Los detalles El ultraderechista no promete mejoras, sino atacar al 'otro', aprovechando la frustración, la envidia y la nostalgia por Pinochet para convertir el resentimiento en votos.

La ultraderecha vuelve al poder en Chile 35 años después de la dictadura de Augusto Pinochet. José Antonio Kast, el nuevo presidente del país, ganó las elecciones con un discurso 'sadopopulista', un fenómeno que va más allá de la política tradicional y que se basa en movilizar votos a partir del dolor ajeno y el resentimiento social.
Kast, conocido por su defensa de la dictadura, no oculta su admiración por Pinochet. Según él, el exdictador "votaría por mí", pese a que el régimen militar dejó más de 3.000 muertos, miles de desaparecidos, detenidos y torturados, 200.000 chilenos exiliados y alrededor de 40.000 víctimas en total. Un legado sangriento que, 35 años después, parece no haber detenido la marcha de la ultraderecha.
Pero, ¿qué es eso del 'sadopopulismo'? A diferencia de un político tradicional que promete "esto voy a hacer por ti", el 'sadopopulista' no convence con promesas de bienestar. Su lema es otro: 'Esto voy a hacer contra él, contra ellos, contra el otro'. Y, sorprendentemente, funciona.
¿Quién vota así y por qué?
La respuesta está en el concepto alemán de 'schadenfreude': alegrarse por el mal ajeno. Hay personas y grupos que se sienten perdedores, frustrados o marginados, que perciben que el sistema los ha dejado atrás. Para ellos, que alguien esté peor que ellos mismos genera un sentimiento de "subida de estatus": si yo estoy mal, pero ellos lo están peor, al menos me siento un poco mejor.
El 'otro' al que se dirige este discurso es muy concreto: el pasado idealizado. En ese pasado todo era mejor, según la narrativa ultraderechista: no había migrantes, las mujeres estaban más cohibidas, los derechos LGTBQ+ no existían, y los sectores progresistas "molestos" con sus casas grandes y lecciones de moral… sufrían menos. Kast y su campaña explotan ese resentimiento, transformando la nostalgia y la envidia en gancho electoral.
Con su victoria, Kast ha demostrado que la ultraderecha chilena puede volver al poder de manera democrática, utilizando un discurso que mezcla nostalgia, resentimiento y confrontación. Pero el reto para su gobierno será gestionar un país marcado por heridas históricas profundas, mientras mantiene a flote un modelo político basado más en enemigos que en promesas de futuro.
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