Protestas que cuestan la vida
Erfan Soltani y el patrón de las ejecuciones exprés en Irán: la horca como herramienta de control
Los detalles Las ejecuciones públicas se han vuelto un espectáculo de terror, los juicios no dan margen a la defensa y las familias deben pagar la cuerda con la que se ahorca al reo, dejando claro que cualquier intento de rebelión se paga muy caro en Irán.

Este miércoles Irán volverá a mostrar su cara más dura: Erfan Soltani será ejecutado públicamente, acusado de ser uno de los líderes de las recientes revueltas que recorren el país. Fue detenido el pasado jueves, juzgado el domingo y las autoridades han anunciado que será ahorcado.
Solo en 2025, 13 personas ya han sido ejecutadas en público. La cifra refleja un patrón claro: a medida que el régimen de los ayatolás se debilita, aumentan las ejecuciones públicas, con un único objetivo: infundir miedo entre la población. Por eso se realizan en lugares céntricos y visibles, para que nadie olvide la amenaza.
El método más habitual en los últimos meses es colgar a los prisioneros de una grúa de construcción. Los reos van esposados de manos y con la cabeza cubierta. En ocasiones, como en el caso de este miércoles, las ejecuciones se realizan a primera hora de la mañana y con pocos testigos. La crueldad llega hasta tal punto que los familiares deben pagar la cuerda con la que se ahorca al reo, y hasta que no lo hagan, no reciben el cuerpo.
La historia reciente del país está marcada por estos momentos. Hace tres años, durante las protestas por la muerte de una joven torturada por no llevar hiyab, Rana.bar fue la primera persona ahorcada públicamente por estas revueltas. La escena fue brutal: la multitud presenció cómo los presos eran colgados, con los ojos tapados, mientras sus gritos de desesperación se escuchaban a lo lejos.
En los últimos años, solo se ha documentado un caso en que un reo logró salvar la vida justo en el momento de ser ejecutado. La madre de la víctima subió a su altura, le dio una bofetada y luego le perdonó, un gesto que permitió que su familia abrazara al reo y lo salvase.
En total, en 2024 97 personas fueron ahorcadas en Irán, 84 en cárceles y 13 en público. Las ejecuciones son ahora una herramienta más del régimen para intimidar y controlar a la población, enviando un mensaje de terror que recorre todo el país.
El caso de Erfan Soltani se suma a este patrón de juicios exprés y castigos inmediatos, y vuelve a poner sobre la mesa la crueldad del régimen de los ayatolás y la precariedad de los derechos humanos en Irán.
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