Extremadura lo ha logrado: es la primera comunidad autónoma que consigue bajar su incidencia acumulada (IA) a 51 casos por 100.000 habitantes. Y de ese logro surge una pregunta, ¿cómo es la vida con una incidencia tan baja?, ¿cómo era la vida en España con esa incidencia?

Mientras que en países de Asia y Oceanía optan por la erradicación de los casos, llevando los contagios a cero hasta que aparece un caso y restringen todo hasta volver a tener nuevamente cero contagios, en Europa se prefiera la convivencia, con restricciones más o menos laxas en función del número de contagios hasta tener un buen porcentaje de población vacunado.

Por eso, aunque la incidencia acumulada vaya en descenso, es probable que en España convivamos más tiempo con restricciones que implican el cierre del ocio nocturno, la movilidad entre territorios o los aforos en bares o reuniones.

Lo que sí sabemos es cómo se actuaba cuando España acumulaba incidencias muy bajas, de menos de 50 casos. Esto ocurrió entre mayo y julio del año pasado, y parte de agosto también en algunas comunidades. Tras el estado de alarma, pensamos que ya había pasado lo peor, y se mantuvieron algunas medidas, pero las mínimas. Desinfección de manos en lugares públicos, cierto control de aforo y una recomendación universal de mantener la distancia de seguridad eran las normas que regían entonces.

¿Cómo era el ocio nocturno?

El ocio nocturno estuvo abierto y de hecho una buena parte de los brotes de principios de verano se produjeron en pubs y discotecas. De ahí que se cerrasen tan pronto.

Por ello, probablemente seguirá cerrado un buen tiempo, ya que son espacios de alto riesgo de contagio y hablando con asesores de consejerías nos dicen que posiblemente sea lo último en abrir.

¿Y el toque de queda?

En aquel entonces no había, aunque en algunos casos se establecían horarios de apertura reducidos, pero no toque de queda.

A partir de ahora se espera ir relajando esta medida hasta que, probablemente, desaparezca del todo. En Madrid, de hecho, ya lo están planteando y están bastante lejos de los 50 casos por 100.000 habitantes.

¿Cómo estaba la hostelería?

Cuando la IA se mantuvo sobre los 50 casos, la hostelería estaba abierta, con la obligación, eso sí, de asegurar la distancia de 1,5 metros entre personas y mesas.

A partir de ahora, con una menor incidencia acumulada es muy probable que se mantenga el control de aforo interior y se amplíen los horarios de paertura. No solo en bares, también en teatros o cualquier espacio público cerrado, aunque esto será cada vez más laxo a medida que los datos mejoren y haya más gente vacunada.

¿Las mascarillas?

Las mascarillas al principio del verano no eran obligatorias, siempre y cuando se pudiesen cumplir las distancias de seguridad. Pero es probable que esta sea una medida que se mantenga mucho más tiempo, al menos hasta que tengamos al 70% de la población vacunada.

¿Con cuántos amigos podíamos juntarnos?

Cuando los datos de contagios eran buenos, a principios del verano pasado, no había límite de personas que podían reunirse ni dentro ni fuera de casa. Solo recomendaciones.

Ahora ese límite varía un poco entre comunidades y se está relajando. Es probable, por tanto, que el número de personas que pueden reunirse vayan aumentando en las próximas semanas o meses si todo va bien.

¿Qué ocurría con los cierres perimetrales?

Antes no había cierres perimetrales y ahora es una medida que se utiliza para contener los contagios en las comunidades donde hay peores datos. Si al resto de comunidades o países (Portugal, por ejemplo) le sigue yendo mal, es mejor mantener el cierre perimetral.

La conclusión

La conclusión a todo este repaso nos lleva a que cuando la incidencia acumulada logre situarse en los 50 casos la vida será más libre de lo que es ahora. Pero las comunidades, previsiblemente, irán con más cuidado, haciendo desescaladas más lentas que las que se hicieron en mayo y junio para evitar una nueva ola de la pandemia.