Un niño ha fallecido

El calor, los peces que huyen y los tiburones que los siguen: cómo el cambio climático altera los océanos

Los detalles En Australia y otras regiones, los ataques de tiburón son más frecuentes porque el calor del mar desplaza a los peces y los tiburones los siguen hasta las playas. Además, el aumento de temperatura y la acidez afecta su reproducción y otras especies también cambian hábitos.

El calor, los peces que huyen y los tiburones que los siguen: cómo el cambio climático altera los océanos

Australia atraviesa días de alarma en sus costas tras registrarse cuatro ataques de tiburón en menos de 48 horas. Uno de ellos fue mortal: un niño perdió la vida. Además, dos hombres resultaron gravemente heridos y en otro ataque, también a un niño, fue su tabla de surf la que recibió el mordisco. Como consecuencia, decenas de playas han sido cerradas y muchas otras están llenas de advertencias para los bañistas.

Lo que sorprende a los expertos no es solo la gravedad de los incidentes, sino la frecuencia. Enero de 2026 se perfila como uno de los meses con más ataques en la última década en Australia. El año pasado ya se duplicó el número de ataques respecto a 2024, en un país donde los tiburones se han vuelto cada vez más habituales. Esta tendencia creciente contrasta con la tendencia global, donde los ataques han disminuido desde el récord histórico de 2016. Hoy, los países donde se concentran la mayoría de los ataques son Australia, Estados Unidos y Sudáfrica.

Los ataques en Australia se han ido sucediendo a lo largo de los años de forma irregular, con picos y bajadas: en 2016 hubo 17 ataques; 2020 fue otro año alto con 18; pero en 2023 y 2024 se registraron solo cinco y cuatro, respectivamente, antes de volver a subir en 2025 a nueve. Este aumento repentino ha generado preocupación entre autoridades y científicos.

Cambio climático y océanos más calientes

El cambio climático está detrás de muchos de estos movimientos. El aumento de la temperatura de los océanos obliga a los peces a desplazarse hacia aguas más frías. Y los tiburones, depredadores naturales, los siguen, acercándose a veces a zonas humanas y aumentando el riesgo de ataques.

Pero los tiburones también están sufriendo las consecuencias: necesitan agua fría para regular su temperatura, y perseguir a sus presas les obliga a gastar energía que podrían dedicar a reproducirse. Además, la acidez creciente de los océanos afecta a sus dientes y podría influir en su capacidad para cazar y sobrevivir.

Aunque parecen los grandes depredadores, el cambio climático les pone trampas invisibles: la subida de temperatura afecta a la eclosión de los embriones, al nacimiento de sus crías y al desarrollo de sus poblaciones. A largo plazo, habrá menos tiburones, aunque los ataques puedan parecer más frecuentes por el desplazamiento de especies.

No solo los tiburones se ven afectados

El bacalao atlántico, por ejemplo, ha migrado hacia el Ártico debido a las aguas más cálidas. Allí se encuentra con el bacalao polar, que ya vivía en esas zonas, y ahora compiten por el mismo alimento. Un ejemplo más de cómo el calor global altera la vida marina: especies enteras cambian de hábitat, compiten entre ellas y se desequilibran los ecosistemas.

Las aves también cambian sus costumbres. Las cigüeñas, que antes migraban largas distancias, ahora llegan antes de tiempo a sus destinos o se establecen más cerca de las zonas urbanas. Esto tiene dos efectos: a veces se alimentan en vertederos porque su comida natural aún no está disponible, y pueden dedicar más energía a la procreación y crianza, lo que ha provocado un aumento de su población.

Un océano en transformación

Aunque los ataques de tiburón generan alarma, la realidad es que los tiburones no son los únicos afectados. La subida de las temperaturas y la acidificación del mar están alterando la reproducción, la alimentación y la supervivencia de muchas especies.

Australia insiste: respeten las señales de advertencia y eviten bañarse en playas cerradas. Los científicos advierten que lo que estamos viendo no es un fenómeno aislado: el cambio climático está transformando los océanos, modificando el comportamiento de peces, tiburones y aves, y acercando cada vez más la vida salvaje a las zonas humanas.

El calor no solo altera la vida marina: cada especie busca adaptarse, y eso cambia todo lo que conocíamos del mar. Los tiburones se acercan a las playas, los bacalaos se pelean en el Ártico y las cigüeñas llegan antes que nunca. Todo conectado, todo consecuencia de un planeta que se calienta, aunque muchos no lo quieran reconocer.

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