Twitter reconoce que su algoritmo beneficia a la derecha. La red social ha analizado datos en siete países y examinado mensajes de más de 500 políticos y ha concluido que difunde más los tuits de los políticos de derechas que de los de izquierdas. La red social dice no saber por qué ocurre y culpa a su algoritmo.

Pero, ¿qué es un algoritmo? En términos sencillos, es algo a lo que tú le preguntas una cuestión y te ofrece la solución más práctica o, directamente, te ofrece algo pensando que te va a gustar, en función de lo que conoce o sabe de ti. Para ello, se elaboran listas con miles de datos que el algoritmo procesa para ofrecernos esa solución.

Por ejemplo, si activamos Google Maps y le preguntamos cómo llegar a casa, su algoritmo nos ofrecerá una ruta que ha calculado, de entre todas las variables, para llegar antes. De forma similar, Netflix o YouTube nos sugieren contenidos en función de datos que les hemos dado. Hacienda, por su parte, tiene un algoritmo que genera una lista de los que pueden ser defraudadores, que luego debe investigar una persona. De forma similar, las webs de citas nos ofrecen a personas que nos puedan interesar en función de datos que conocen de nosotros o que les hemos proporcionado.

¿Qué pasa entonces con el algoritmo de Twitter? ¿Por qué promociona los mensajes de derecha? Según los expertos, se trata de una cuestión de dinero: en el caso de Facebook, la red social ingresa unos 14 euros por cada usuario. Para ello, tiene que tener usuarios conectados y que interactúen y la gente interactúa más cuando siente odio, rabia o ira, algo que proporcionan los contenidos extremistas, ya sean de derechas o de izquierdas. Por eso, las redes nos ofrecen contenidos que nos van a provocar esa respuesta emocional, con el objetivo de que los comentemos.

Pero, ¿no pueden las compañías corregir sus propios algoritmos para evitar esto? Precisamente, estos días hemos sabido, gracias a la publicación de documentos internos de Facebook y el testimonio de empleados de la compañía, que la empresa sabía que determinados contenidos podían generar odio y no tomó las medidas oportunas, o ralentizó mucho su adopción, porque sabía que esos contenidos, además de provocar molestia, odio y posiblemente disturbios, generarían tráfico. Y eso es dinero.