Miquel Martín, jefe de investigación de la comisaría de Les Corts, afirma que David Vargas vívía "de engañar a las víctimas" desde que lo expulsaron del sacerdocio. "Este señor no tenía ninguna cuenta a su nombre y era apoderado de muchas de ellas y podía operar con total normalidad", indica Martín.

En su testimonio ante el juez, Vargas defendió que dedicaba su tiempo a cuidar de su padre que, según decía, estaba "muy fastidiado" y que vivía "de las ayudas" de las ancianas. "De la cuenta de ellas me pagan luz agua y gas y yo el resto me busco la vida por mi cuenta para comprar lo mínimo posible", aseguró.

Sin embargo, a pesar de que no tenía trabajo remunerado, David Vargas viajó a Nueva York en dos ocasiones. En otras vacaciones, eligió Estambul e iba a balnearios.

Equipo de Investigación se cita con Alejandro Pardo, el amigo que acompaña al exsacerdote en sus viajes, un agente comercial de arte, que cuenta que ninguno de los dos tenía muchos amigos cuando se conocieron en Barcelona en 2014 y que se entendieron "perfectamente".

"Teníamos las mismas inquietudes, mismo pensar político, mismo todo. Yo puedo decir que ha sido posiblemente el mejor amigo que he tenido nunca", manifiesta Pardo, añadiendo que tanto salían juntos de fiesta, como a comer o de viaje.

Cuando se conocieron, él se le presentó como un "tasador de obras", asegura su amigo Alejandro Pardo. "Tenía muchísimo arte sacro, cristos, crucifijos o figuras de santos. Por tener hasta tenía un busto enorme de Franco nada más entrar en el piso", cuenta, añadiendo que él le decía que todo aquello lo consiguió "de una herencia de una tía que había fallecido".