La mañana después del crimen de Meco, los agentes rastrearon la zona donde fue hallado el cuerpo de Miriam con 89 puñaladas buscando restos de ADN. A 700 metros, localizaron un asentamiento y tomaron muestras. Sin embargo, no consiguieron identificar ninguna huella, ni ningún resto de ADN que tuviera relación con el crimen.

Así, esperaban encontrar en la autopsia pruebas que les llevasen al autor o autores del brutal asesinato. Julia Fernández, médico forense, explica a Equipo de Investigación que la joven "recibió una gran cantidad de heridas, 89, que estaban distribuidas fundamentalmente por cabeza y cuello, y el resto de heridas estaban distribuidas en tórax y abdomen".

Además, se sabe que la víctima intentó defenderse, ya que encontraron "tanto en manos, como en los brazos y los antebrazos, lesiones de defensa", "Todos instintivamente vamos a protegernos la cara, e incluso intentar sujetar el cuchillo, el arma blanca", indica.