Con 36 años y después de haber pasado por 11 clubes, Aranda termina su carrera deportiva y vuelve a su barrio, El Palo, aunque la Policía no le pierde la pista y pincha sus teléfonos. "Yo me puse con la 'blanca' (cocaína) a vender paquetes, a comprar diez, quince, veinte...", se escucha decir al exjugador en una de las llamadas.

"El tráfico de drogas es su negocio principal, obviamente eso está clarísimo. El amaño de partido no es un delito principal de ninguna organización criminal, porque lo que hacen ahí es meter dinero de otros delitos para poder invertir y llegar a blanquearlo", señala un inspector jefe a Equipo de Investigación.

Además, a través los pinchazos telefónicos los agentes descubren cómo presuntamente cobra las deudas el exfutbolista. "Dile a tu primo que o me paga el dinero mañana los 2.000 euros, o se va a meter en un problema. Se merece que lo maten. Ya te lo aseguro que donde lo vean lo van a matar a palos", dijo en otra llamada.

Tras la investigación de los presuntos amaños deportivos, la Policía detiene a Carlos Aranda, e incautan seis teléfonos móviles, resguardos de apuestas deportivas y pagarés por valor de 4.000 euros. También registran sus salones de juego, donde encuentran 4.000 euros en efectivo. Sin embargo, 48 horas después de ser detenido por liderar una organización dedicada a amañar partidos, Carlos Aranda sale de la cárcel.