Octavio Rettig, el llamado 'profeta del sapo', cita en su casa de México a los periodistas de Equipo de Investigación. Accede a que el programa grabe un ritual con el alucinógeno extraído al sapo. La ceremonia se celebra a las 12 de la mañana. Montan una carpa y la temperatura alcanza los 43 grados. La que graba el programa será su sesión número 10 del día.

Rettig lleva 14 años realizando este ritual. Presenta a Equipo de Investigación a Adrián, un joven de 19 años que se somete a este ritual: "Yo llegué al camino de las medicinas ancestrales con Octavio por estar ya cansado de buscar e intentar distintas formas de supuesta rehabilitación, distintas curas para la enfermedad".

Adrián se quita la camiseta para empezar el ritual. Se abraza con Rettig, y este le pide que comience a inhalar el humo. Con el comienzo de la toma de la dosis, 'el profeta del sapo' le va dando indicaciones de cómo tiene que ir haciéndolo. Canta canciones y toca una maraca mientras Adrián grita. Le pide que respire fuertemente: "Fuerza, guerrero, enderézate".

Adrián notará los efectos del veneno del sapo durante cerca de 20 minutos. Se mueve y corre un poco mientras Rettig sigue dando gritos de fuerza. Regresa a la carpa blanca, se relaja un poco y se arrodilla mientras Rettig le sigue dando instrucciones: "Respira por la nariz. Se acabaron las rayas, ni una más. Te lo mereces".

El 'profeta del sapo' ha celebrado este mismo ritual más de 10.000 veces en 40 países de todo el mundo; entre ellos, España. En su último retiro en nuestro país, más de 30 personas acudieron para probar el potente alucinógeno.

En todos, tiene un efecto inmediato: aquellos que lo prueban pierden el equilibrio, y a pesar de tener los ojos abiertos, su visión ya no es la misma de hace 30 segundos. Algunos se ponen incluso agresivos. Equipo de Investigación le pregunta a Rettig si ha tenido alguna complicación en sus ceremonias. Él reconoce que han fallecido "alrededor de cuatro o cinco personas".