Los datos nos ponen en alerta: ¿Estamos consumiendo aceite marroquí? Buscando dónde se produce llegamos a Meknes, el Jaén del norte de África. Nada más llegar, nos encontramos con un grupo de jornaleros, que cobran 2,5 euros al día, algo impensable en nuestro país.

Buscamos al jefe de esos trabajadores. Lo encontramos en su almazara. Nos sorprenden las condiciones higiénicas de la fábrica. Nadie diría que estamos ante un negocio millonario, que llegó a facturar 4,5 millones el año pasado.

Tiene planes de crecimiento: quiere exportar el aceite que produce a España. Antes de marcharnos, nos da el contacto de un empresario que ya vende a nuestro país. Nos detenemos en otra almazara donde el ajetreo es constante. No paran de llegar vendedores de aceituna que cobran a tocateja. Enseguida vemos que el negocio funciona. La maquinaria es nueva, importada de Italia. Pero cuando subimos las escaleras vemos que no estamos en una fábrica como las de occidente: los trabajadores viven en la propia fábrica.

Pero, ¿qué controles sanitarios pasa el aceite marroquí que compra España? Los propios productores eligen si analizan o no sus productos. Ninguna ley les obliga, pero es el documento con el que se ganan la confianza de los compradores internacionales. Además, en Marruecos se usan pesticidas no autorizados en Europa, según los inspectores del departamento para la alimentación de la ONU.

Antes de abandonar el laboratorio, nos surge una duda. ¿Dónde va a parar el aceite marroquí que compra España?