En Ourense nadie sospecha de Francisco. Dice que es piloto de Iberia y allí le conocen de verle en las máquinas tragaperras pero el dinero que juega no lo consigue trabajando. Un día una denuncia llega a la comisaría, su novia se da cuenta de que le ha estafado.

Maneja grandes cantidades de dinero y lleva un nivel de vida muy alto. Ofrece un punto de confianza con el que engaña a sus futuras víctimas. Silvio, un empresario fue estafado por Francisco, quien se ofreció para interceder en una operación inmobiliaria.

Rosana Macieira conoció al embaucador en un salón de juegos y relata cómo fue su relación con Francisco Gómez: "Me pidió el dinero, se lo di en un sobre, y se marchó", explica Macieira. El embaucador huyó después de estafarle hasta 70.000 euros.

Equipo de Investigación se cita con Javier Salutregui, un preso que conoció a Francisco Gómez cuando cumplía condena en la prisión de Burgos. Salutregui asegura que se le veía un poco "balbuceante y sobrado".

Tras descubrir las redes sociales, Francisco Gómez estrena nueva identidad. Dice que se llama David Barceló y se presenta como sargento de Salvamento Marítimo. El puerto es su nuevo campo de acción y allí queda con sus víctimas.