El Gobierno empieza a plantear los primeros pasos de la desescalada del confinamiento, como es la posibilidad de salir a la calle una hora al día para los menores de hasta 13 años. En los hospitales españoles también se empieza a notar un pequeño alivio.

Esperanza Morillo, jefa de enfermería y medicina interna del Hospital La Princesa de Madrid, lo cuenta en El Objetivo: "Estamos mejor que antes. Parece que ha pasado lo peor y también estamos en fase de desescalada". "Ya hemos abierto camas para pacientes que no tienen COVID-19 y se están empezando a hacer cirugías y otro tipo de operaciones", cuenta.

Pero antes de llegar a este punto han tenido que sobreponerse a una situación excepcional para todos y muy crítica en especial para el sector sanitario. "No había camas suficientes y casi todas ellas estaban ocupadas por enfermos de coronavirus".

"Toda la vida hemos cuidado a los pacientes, pero nunca con EPIS".

También recuerda que "hubo una semana bastante dura en la que escaseaban los EPIS". "Tuvimos que echarle imaginación y utilizar batas esterilizadas, ahora tenemos de todo".

"Nos hemos tenido que acostumbrar a llevar los EPIS y a trabajar con ellos. Ha sido difícil cuidarles con estas características porque nunca lo habíamos hecho. Toda la vida hemos cuidado a los pacientes, pero nunca se nos había dado la oportunidad de hacerlo con equipos de protección", reconoce.

Para tratar de acercarse a los enfermos y humanizar la situación, tuvieron la iniciativa de escribirse los nombres en sus trajes, para que ellos pudiesen llamarlas por su nombre.

También se han dedicado a leer cartas que hacían llegar al hospital y a conectar a los pacientes más mayores con sus familias a través de sus propios teléfonos móviles.

"Hemos recibido más de 8.000 cartas de España y de fuera de España incluso. Desde una residencia de Pinto, hasta de una prisión de Zaragoza o de alumnos de español de Estados Unidos", relata. Todas ellas llenas de ánimos que han reconfortado sin duda a los pacientes.

los pacientes han sentido los ánimos.

De todos estos meses, considera que lo más duro es que "a pesar de la lucha y los esfuerzos ha habido pacientes que no han podido y han fallecido en la unidad". Por eso, "cada paciente que ha salido curado se ha celebrado como un triunfo".