Jordi de la Mata sufrió abusos por parte de dos religiosos y educadores durante su infancia. Eso le marcó de por vida: a los 16 años se fue de casa, consumió drogas y siempre ha tenido problemas para encontrar la estabilidad sexual y emocional.

No fue hasta cumplidos los 37 que se vio capaz de verbalizar lo ocurrido y en 2019, cuando él y su hermano decidieron denunciarlo públicamente, el caso ya estaba prescrito. "Eso es lo que desgraciadamente está pasando en España, que la prescripción es el mejor aliado de los pederastas", cuenta. Aunque defiende que no haya prescripción de este tipo de casos, al menos pide que se amplíe hasta que las víctimas cumplan los 40 años, que es cuando generalmente se animan a denunciar.

Sobre las investigaciones que ha realizado la congregación de los jesuitas para esclarecer los abusos de sus religiosos, De la Mata cree que "no están interesados en hacer búsquedas activas", y señala que mientras ellos han dado a conocer 81 casos en toda España, él "en un mes y sin recursos he conseguido encontrar 30 víctimas".

Así, ha denunciado el proceso canónico, porque los sacerdotes "piensan que dejando que el tiempo transcurra las víctimas nos vamos a cansar", dice, y ha leído la carta que recibió de uno de sus abusadores.