Marina Carrasco es una de las muchas enfermeras que dejaron sus ciudades y viajaron hasta Madrid para atender la crisis del coronavirus en uno de los territorios más afectados.

A pesar de que lo hizo por vocación y volvería a hacerlo si tuviese la oportunidad, asegura que se encuentra "engañada y dada de lado".

"Fui contratada para trabajar como enfermera en abril, con un contrato de tres meses con posibilidad de que se alargase..Vine a trabaja a un hotel medicalizado", relata. Desde que llegó fue a pedir día a día su contrato, "pero nunca estaba listo".

"Era un contrato de tres meses, pero al firmarlo tras un mes trabajando me llevé la sorpresa".

Cuando se decidió cerrar el hotel medicalizado porque bajaron los casos de pacientes infectados, Marina vio como su contrato finalizaba. "Fui a firmarlo y me llevé la sorpresa, me di cuenta de que acaba con la fecha del 30 de abril", es decir, le habían hecho un contrato de tan solo un mes.

El contrato era de obra y servicio y justificaba el fin porque ya no hacían falta. Aunque la enfermera no cree que esto sea cierto: "Falta hacemos, pero el trabajo sale a flote con el mínimo personal posible. Eso es lo que pretenden hacer ahora".

Además, la enfermera quiere lanzar un mensaje crítico sobre la precariedad del sector: "Quiero que la gente sea consciente de que haber tenido un sistema precario de sanidad ha llevado a que el personal se hayan infectado tanto, porque no hemos tenido los recursos suficientes y nos han soltado a trabajar sin tener el material requerido".

Para ejemplarizar esta precariedad, cuenta el caso de estudiantes de enfermería que han ido a Madrid a trabajar desde otros puntos de España, y al terminarse sus contratos las han pedido que volviesen a sus casas, con sus familias sin realizarles ningún test. "Después de haber estado en la boca del huracán las devuelven con sus familias sin haberles hecho un test, sin saber si son positivas... esto me parece vergonzoso".

Lo que la motivó a trabajar en Madrid

Marina cuenta que trabajaba en un hospital privado, pero le habían hecho un ERTE. La situación de Madrid, de la que era consciente a través de las noticias, le motivó para ir a ayudar ante la "terrible situación". "No podía dejar dos manos en Málaga cuando realmente hacían falta aquí".

Vino a Madrid por pura vocación, pero al llegar le tocó vivir situaciones muy difíciles: "Son situaciones que te llevas a casa, he tenido pesadillas. Tuvimos a una mujer que estuvo hospitalizada y cuando salió, su hija le tuvo que decir que su padre había pasado el COVID y no lo había superado", recuerda.

Ahora que la situación de los hospitales se está aliviando, cree que se podría reubicar a los enfermeros que han trabajado durante la pandemia "en otros servicios que hay y tantas listas de espera que se han hecho. Estoy segura que hacemos falta y que se nos puede reubicar".

Pese a todo, asegura que volvería a tomar la misma decisión aunque pide dignificar su labor: "Mi corazón me puede. Espero que a partir de ahora cambien las condiciones que nos prometen y los contratos de los enfermeros, que sean dignos y que se nos valore como profesionales".

Otros momentos destacados

En otro momento, Andrea Ropero entrevistó a José Manuel Ramírez, presidente de Asociación de Directoras de Servicios Sociales. En El Intermedio denunció la situación del sistema de Servicios Sociales en nuestro país: "Desde el 2008 nos han recortado 5.000 millones de euros", contó el experto, al tiempo que advirtió que antes de que termine el año tendrán el doble de usuarios.

La reportera también charló con presidente de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria para conocer en qué condiciones trabajan durante la pandemia.

"Aprenderemos que necesitamos una atención primaria muy fuerte": reivindicó el médico de familia.