Dicen las crónicas que cuando finalizaron las obras del panteón del cementerio de Mingorrubio, que Franco ordenó construir, la mujer del dictador fue a visitarlas. A la vuelta, el dictador le preguntó a su esposa si le había gustado, y esta respondió que no, que le había parecido demasiado lujoso.

Esta escena sirve para recordar que el panteón se levantó con el fin de ubicar los restos del dictador y su mujer, y que la decisión de la inhumación en el Valle de los Caídos fue improvisada por el Régimen tras su muerte. Trece años después, la viuda de Franco sí que fue enterrada en la cripta del panteón familiar.

El cementerio de Mingorrubio es propiedad del Ayuntamiento de Madrid, pero no así la tumba donde serán enterrados los restos de Franco. La tumba es propiedad del Estado. Y otra curiosidad: no lo es desde hace mucho, solo desde el pasado mes de abril. Hasta entonces, el propietario de la tumba era Patrimonio Nacional.

Esto tiene cierta relevancia, porque Patrimonio Nacional tiene como finalidad principal gestionar los bienes que están al servicio y uso de la familia real, y el Gobierno actual entendió que la tumba de Franco no tiene mucho que ver. Pero además, hay otro detalle: los bienes de Patrimonio Nacional son inalienables e inembargables.

Ahora que la tumba pertenece al Estado, y sin esta protección, podría decidir algún día cederla o venderla a la familia de Franco. Estos pasarían a ser los responsables del mantenimiento. Pero por el momento, la tumba debe mantenerla el estado.

El cementerio de Mingorrubio tiene otra característica que lo hace singular: la de albergar a ocho altos cargos del franquismo. Allí están enterrados Carrero Blanco y Arias Navarro, presidentes de Franco Y hasta seis ministros del Régimen.

La nómina de enemigos de la democracia no termina aquí. También reposa en Mingorrubio el dictador dominicano Leónidas Trujillo, sanguinario mandatario con decenas de miles de crímenes a sus espaldas.