"Chorizos". Es la contundente acusación que un abuelo grafiteó en una clínica Dentix de Barcelona, después de que su esposa sufriera una presunta estafa a manos de la cadena.

Sin embargo, lo que no se esperaba el anciano es que un transeúnte le pillara 'in fraganti' pintando el escaparate con spray y grabase la insólita escena, que en poco tiempo se ha vuelto viral. Su propio nieto, el productor musical Garzi, compartió el vídeo en Twitter, donde explicaba que su abuelo actuó así porque la compañía "se aprovechó" de su abuela para "estafarla".

A preguntas de laSexta, el joven relata que la clínica cobró a la anciana hasta en dos ocasiones por un mismo procedimiento, a pesar de que ella "tiene un problema de memoria muy serio" y ni siquiera puede recordar esas llamadas. A día de hoy, abunda, sus problemas bucodentales siguen sin haberse solucionado.

Al encontrarse con que no les devolvían el dinero, el marido de la afectada decidió actuar por su cuenta. Hace unas semanas, "se levantó un día y le pareció una buena idea". Así, ni corto ni perezoso, "les pintó un par de grafitis en la oficina", según cuenta su nieto, que explica que el abuelo no hizo partícipe a la familia de sus intenciones.

De hecho, precisa, se enteraron a través de las redes sociales, después de que el vídeo circulase por Internet hasta acabar en Tik Tok, donde sus primas pequeñas se encontraron con el abuelo en plena sesión de grafiti.

 

Denuncian que les estafaron miles de euros

"Siempre ha sido un poco así, no es nuevo", reflexiona el nieto, que ha reivindicado en Twitter que su abuelo "sabe que la lucha siempre está en la calle". "El tema de la militancia en la calle siempre lo ha tenido muy claro", reitera, en declaraciones a laSexta.

La lástima es que no tenía un martillo para haber roto el cristal"

Garzi también ha compartido un vídeo en el que el propio protagonista de esta historia se reafirma en lo que hizo. "Dentix nos ha enredado dos veces", asevera el anciano, que explica que han denunciado al grupo dental, tras pagar 5.500 euros en una ocasión y 6.500 en otra.

"Como no nos van a devolver el dinero, la lástima es que no tenía un martillo para haber roto el cristal y llevarme algo, así de claro", sentencia.

 

Pese a esta inesperada repercusión en las redes, la familia no teme las posibles consecuencias del acto vandálico, o que le puedan multar por ello. "A él le da igual y a la familia nos da igual", afirma Garzi, que celebra que al menos el abuelo ha conseguido hacer pública su denuncia.

La abuela, por su parte, reprocha un poco a su marido que haya armado "tanto follón". No obstante, explica el nieto, "le hace mucha ilusión que le estén dando apoyo y cariño" a su abuelo.