Carolina, Piedad o Juan son algunas de las caras que prueban cómo la precariedad laboral es una de las principales razones de los problemas de salud mental en nuestro país.

Carolina sufre desde hace años una depresión profunda y hace apenas unos días perdió su trabajo como administrativa. "Son contratos precarios, ocho horas que he estado cobrando menos de 500 euros", ha apuntado. Reconoce que, ha intentado, incluso, quitarse la vida, pero que el apoyo de su pareja y de su hija ha conseguido salir adelante.

También Piedad ha sufrido en sus propias carnes los efectos mentales de la precariedad. En su caso, agravados: dice ser víctima de la violencia de género y tiene dos hijos, por lo que no quiere mostrar su imagen a cámara.

Durante años ha encadenado contratos temporales como limpiadora. "¿Cómo voy a alimentar a mis hijos con 400 euros? Eso solo para pagar la casa. No me da ni para cortarles el pelo, ni para comprarles ropa", denuncia la mujer. Ahora vive el día a día en una vivienda social de Cáritas y solo pide "un trabajo en condiciones, como todo el mundo".

Existe una relación entre nuestras condiciones de trabajo y nuestra salud mental, tal y como asegura Arantxa Turienzo, psicóloga del Gabinete de Psicología Alava Reyes. "Cuando estamos contentos en nuestro mundo laboral, tenemos el 80% de nuestro tiempo adecuado a nuestra vida", explica.

El mercado laboral y el agravante de la pandemia ha agravado la salud mental de los españoles. Sobre todo, si se es mujer, de entre 16 y 34 años y se vive con un salario bajo.

La precariedad también la vive Juan, que perdió su trabajo a causa del COVID-19 y ahora cobra 149 al mes gracias al Ingreso Mínimo vital. "Tengo problemas de sueño. Se puede decir que tengo depresión", reconoce.

Derogar la reforma laboral o acabar con la temporalidad son dos soluciones que piden los sindicatos y que va a estudiar el Gobierno.