En 2002, el cuerpo de una joven de 22 años fue hallado entre matorrales a 40 kilómetros de Vigo. La Policía la encontró desnuda, con las piernas y los brazos flexionados y con hojas de acacia tapándole el pubis y los pechos.

La investigación policial centró sus pesquisas en un posible escenario preparado para despistar, ya que determinaron que alguien introdujo semen de forma artificial en su vagina, la lavaron y la mantuvieron en un lugar frío para retrasar la descomposición.

Déborah Fernandez-Cervera había ido a clase de diseño gráfico aquella mañana y después a la peluquería para depilarse. Por la tarde, salió a correr con su prima, que se despidió de ella a varios kilómetros de su casa. Aquel día, Déborah nunca llegó a casa. Solo un testigo aseguraba haberla visto en dirección a su vivienda, a tan solo 500 metros de casa.

El cuerpo de Déborah Fernández fue hallado 10 días después de su desaparición por una vecina del municipio de O Rosal junto a la carretera que une Baiona y A Guarda (antigua C-550, hoy PO-552), en la localidad de Portocelo.

El caso nunca se resolvió, y la persona que preparo este escenario teatral sigue en libertad, 17 años después de la muerte de Déborah Fernández-Cervera.

Una pista que ha llegado a las manos de los investigadores durante una campaña de recogida de firmas, que pide justicia para Déborah, ha hecho que se reabra el caso, según informa el diario El País. Un equipo especializado en homicidios ha viajado a Vigo para revisar todas las piezas del puzzle que acabó con la muerte de la joven.

La investigación ya se ha reabierto unas 15 veces durante estos 17 años, pero no ha concluido con ninguna pista determinante, aunque casi todo apuntase a que el asesino era alguien muy próximo a la víctima.

Un nuevo testimonio sitúa a la joven en un punto alejado del radio de acción que se investigó. Esto sugiere que Déborah se encontró con alguien y subió por su propio pie, sin forcejeo, a un vehículo en lo que parece un cambio de planes.